Reflejos de su gloria

Reflejos de su gloria

By David y MaribelReligion & Spirituality
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Reflejos de su gloria episodes

  • RG-27 La práctica de la gratitud
    Como he comentado anteriormente, observo que el gozo y la paz parecen ser dependientes del resto del fruto del Espíritu, como si se trataran de frutos que brotan cuando el amor, la bondad, la mansedumbre o la templanza están en flor en nuestra vida. Y es que todo el fruto del Espíritu crece de forma simultánea.

    Comenté en el episodio anterior que Dios, a través de la historia ha llenado a individuos de gozo, pero veremos también que Dios llena a cada uno de todo lo necesario para realizar la tarea que tiene para nosotros.

    Ahora quisiera que meditáramos en aquellas prácticas diarias que sirven dos propósitos muy importantes. En primer lugar, nos ayudarán a que el gozo que el Señor nos da se manifieste en nuestras vidas, y en segundo lugar, nos ayudarán también a que el gozo que nos es dado se multiplique.

    Estas prácticas son la gratitud y la alabanza. Meditemos hoy sobre la gratitud.

    En 1 Tesalonicenses 5 nos exhorta Pablo no solo a estar gozosos, sino que continúa diciendo, “orad sin cesar, dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús.

    Pablo presenta tres imperativos: estar gozosos, orad, y dad gracias. Si le das la vuelta a estos tres imperativos, comenzarás dando gracias. Esto te llevará a hablar con Dios, expresando tu gratitud en forma de alabanza, y al hacer esto, descubrirás cómo el gozo del Señor crece en tu vida. Da gracias en todo, ora sin cesar, y estarás siempre gozosa.

    En medio de lo cotidiano, si miramos nuestra estancia aquí en la Tierra de la manera en que Dios la ha previsto, podemos ver miles de cosas por las que estar agradecidas.

    ¿Respiras? Da gracias. ¿Puedes ver u oler o escuchar la bella creación de Dios? Da gracias por los sentidos. Algunos no los tienen todos, mas todos tenemos alguno. Gracias a Dios por lo que podemos disfrutar.

    ¿Quieres saber cuál es la voluntad de Dios para tu vida? 1 Tesalonicenses 5 dice “Da gracias en todo''. Empieza por dar gracias a Dios en todo. Cuando comiences a notar todas las cosas por las que puedes dar gracias en lugar de las cosas que podrían ser distintas, comenzarás el hábito de darle gracias a Dios en oración, por lo que te vas a encontrar orando sin cesar, en cualquier momento del día, conforme vives tu día a día. Y entonces tú misma te sorprenderás del gozo que estarás experimentando, así, como el que no quiere la cosa.

    Y otros lo verán, y verán el gozo del Señor manifestado en ti y alabarán al Señor. Te invito al reto de la gratitud. Dejemos que el Señor nos llene de gozo y practiquemos la gratitud, para que este abunde en nosotras.
    5 min
  • RG-26 El gozo del Señor
    El gozo del Señor

    “Estad siempre gozosos. Orad sin cesar. Dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús.” 1 Tesalonicenses 5: 16-18

    En algún momento del día, en algún día de tu semana o en algunos días del mes, puede que sientas que es difícil tener gozo. No necesariamente porque las circunstancias en sí sean malas. La verdad es que de manera milagrosa, en las circunstancias difíciles, Dios hace brotar un gozo inexplicable, quizá porque nos damos cuenta, más que nunca, de nuestra dependencia de Dios. Cuando vemos cómo Dios obra en nuestra vida, podemos sonreír, de dentro para fuera, porque Dios nos llena de regocijo.

    Y cuando no vemos a Dios obrar, no es que no esté obrando, es simplemente que no somos capaces de verlo, o que estamos mirando en la dirección errónea.

    Cuando miramos horizontalmente, a lo que tenemos alrededor, es fácil desanimarse. Después de todo, somos personas caídas en un mundo caído. Mas Dios quiere llenarnos de su gozo. Vemos en las Escrituras que cuando el pueblo de Dios perdía el gozo, eran fortalecidos en el gozo del Señor cuando iban a la ley de Dios.

    En Nehemías leemos de uno de estos instantes. Una vez edificado el muro de la ciudad, Nehemías juntó a los dirigentes y al pueblo, y pidió al profeta Esdras que leyera la ley de Dios. El pueblo lloraba oyendo las palabras de la ley, quizás por todo lo que habían perdido debido a su rebeldía, quizás por todo lo que les quedaba por hacer para que Jerusalem volviera a su antigua gloria, mas Nehemías le dice al pueblo que dejen de lamentarse y empiecen a regocijarse. Dice el versículo 10 del capítulo 8: “no os entristezcáis, porque en el gozo del Señor está vuestra fortaleza.” Y continúa hasta el versículo 12 contándonos que “ todo el pueblo se fue a comer y a beber, ..., y a gozar de grande alegría, porque habían entendido las palabras que les habían enseñado.” Entonces Esdras, confesando el pecado del pueblo, hizo un repaso de todo lo que Dios había hecho por ellos.

    Eclesiastés 3:13 dice que “es don de Dios que todo hombre coma y beba, y goce el bien de toda su labor.” Dios es el que nos llena de gozo y nos da la capacidad de disfrutar de todos los regalos de Dios.

    Nosotras, como el pueblo de Dios, podemos olvidar las bondades de Dios y perder el gozo, pero como vemos en Crónicas, Esdras, y los Salmos entre otros que Dios personalmente los llenaba de gozo, (Esdras 6:22) así quiere llenarnos a nosotras hoy del gozo del Señor, en el cual podemos encontrar nuestra fortaleza cada día.


    Cristiana, cuando no sientas gozo en tu vida, ve a su Palabra, confiesa tus pecados y presta atención a todo lo que Dios ha hecho y está haciendo en tu vida, y el Señor mismo te llenará de gozo, como lo ha hecho con su pueblo a través de la historia.

    “En tu presencia hay plenitud de gozo; (dice el salmista) “Delicias a tu diestra para siempre.” (Salmo 16:11)
    5 min
  • RG-25 Adversarios de la templanza
    El adversario de la templanza

    En cuarto lugar vemos el contraste entre las borracheras, orgías y cosas semejantes, que se oponen a la templanza que presenta la Biblia.

    ¿Y qué está a la raiz de estos adversarios de la templanza? ¿Y si te dijera que el adversario de la templanza es en realidad el control?

    A primera vista parece que no tenga sentido. Hemos definido la templanza como dominio propio, o también llamado autocontrol. ¿Cómo puede ser el control el enemigo del autocontrol? Después de todo, las borracheras, orgías y cosas semejantes son resultado del descontrol. ¿Verdad?

    Pues es más bien una cuestión de quién tiene el control de tu vida a cada instante.

    Desde el principio de la humanidad el ser humano desea tener control sobre todas las cosas. Por este motivo, nos resistimos a dejar que sea Dios el que tome las riendas de nuestra vida.

    Cuando uno se entrega a Cristo, le entrega su voluntad propia, sus opiniones, sus deseos, sus sueños, sus planes. Sabemos que en manos de Dios estamos a salvo, y sin embargo luchamos contra la idea de dejar que Él controle nuestra vida. Aquí es donde comienza el problema; cuando decidimos tomar el control.

    Unas más y unas menos, todas tendemos a ser controladoras. Queremos controlar lo que pasa en nuestras vidas y lo que pasa en las vidas de nuestros prójimos. Si somos algo organizadas, controlamos nuestra dieta, nuestro horario, la forma de hacer las cosas, e incluso la forma en que los demás deben hacerlas. Tomamos la responsabilidad de llevarlo todo y llegamos a querer controlar a nuestros maridos, a nuestros hijos, y a cualquiera que se sitúe en nuestra esfera de influencia. Pero eso no es el dominio propio del que habla la Biblia.

    Porque la realidad es que no fuimos creados para controlarlo todo. Y por eso, hay tanta frustración en esta sociedad de controladores ambulantes. En Eclesiastés 8:8, el hombre más sabio de la historia nos dice que “No hay hombre que tenga potestad para refrenar el viento con el viento, ni potestad sobre el día de la muerte.” No podemos controlarlo todo. No somos capaces de controlar el universo y ni siquiera nuestra propia vida, pero Dios sí.


    Sin Dios, tarde o temprano dejamos de controlar y llegamos a los excesos. Fácilmente pasamos de estar en control a ser controlados por cualquier cosa. Podemos experimentar exceso de control, causando trastornos emocionales y mentales, excesos en el tiempo de ocio, causando problemas de adicción a actividades lúdicas (lícitas o ilícitas) o al sedentarismo; sufrimos exceso de consumo de alimentos no saludables, que nos llevan a la glotonería y el malestar físico; o el exceso a sustancias tóxicas como el alcohol u otras drogas, que llevan a la destrucción. Hay una gran variedad de excesos. Cada uno de estos son ejemplos de una vida donde el Espíritu Santo no tiene el control.

    Efesios 5:18 nos ofrece las dos opciones posibles: “No os embriaguéis con vino, en lo cual hay disolución; antes bien sed llenos del Espíritu.

    En la primera situación, el vino, o ahí puedes poner cualquier exceso con el que batallas, está controlando algún aspecto de tu vida, y por lo tanto, no puedes vivir una vida plena en Cristo. Mas tienes una segunda opción, ser llena del Espíritu. Cuando tu vida está llena del fruto que da el Espíritu, podrás descansar, confiando en que Él tiene el control de tu vida, y estarás libre para vivir una vida de dominio propio, en el Espíritu.
    6 min
  • RG-24 Adversarios del bien hacer
    Adversarios del bien hacer

    Entre la fruta variada del Espíritu encontramos cuatro que están conectadas entre sí por el propósito que estas cumplen. La paciencia, la benignidad, la bondad y la mansedumbre son elementos necesarios a la hora de vivir nuestra fe con los que nos rodean.

    Santiago, en su epístola, reta a los oyentes diciendo, “Muéstrame tu fe sin tus obras, y yo te mostraré mi fe por mis obras.” Podemos tener mucha fe, pero la forma en que esta fe se manifiesta, dice Santiago, es en tu manera de vivirla con otros. Pablo, en Efesios 2:10 dice que hemos sido “creados en Cristo Jesús para buenas obras.” Y Pedro en su primera carta lo dice así en el 2:15 “Porque esta es la voluntad de Dios: que haciendo bien, hagáis callar la ignorancia de los hombres insensatos”.

    Cuando conocemos a Cristo como nuestro Salvador, no nos lleva al cielo de inmediato. Nos deja aquí con el propósito de mostrar esta fe salvadora, para que quizás otros quieran también ir a Cristo para salvación. Es por esto que no nos podemos cansar de hacer el bien. Y Gálatas 6:19 nos anima diciendo: “No nos cansemos, pues, de hacer bien; porque a su tiempo segaremos, si no desmayamos.”

    Las obras de la carne impiden que hagamos este bien que queremos y debemos hacer. Pablo describe esta lucha en Romanos 7:19 “​​Porque no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero, eso hago.” Mas continua diciendo que gracias al Señor Jesucristo podemos vivir en el Espíritu, donde no hay condenación. Leemos en el 8:1 “ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu.”

    ¿Cuáles son estas obras de la carne que quieren destrozar el fruto del Espíritu? Pablo menciona enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, envidias y homicidios. Al leer esta lista, podemos observar una escalera, y a medida en que los sentimientos de odio aumentan, las consecuencias llegan a ser mayores. Los celos, las iras, las envidias llevan a enemistades, disensiones, pleitos y contiendas, y en una situación desenfrenada, estos pueden llegar a provocar incluso delitos de homicidio. Como contraste vemos la paciencia, la benignidad, la bondad, la mansedumbre. Esos dos grupos, nos dice Pablo, se oponen entre sí. El deseo de hacer el bien, la capacidad de esperar y muchas veces aguantar, soportando oprobio, la respuesta suave de la mansedumbre, nos dice la Biblia apacigua queel espíritu airado. (Prov. 15:1)

    Cuando Jesús pidió amar al prójimo como a nosotros mismos, estaba pidiendo la humildad de Cristo descrita en Filipenses 2. Podríamos resumir la lucha entre estas obras de la carne y el fruto del Espíritu como una lucha entre el orgullo y la humildad. El orgullo nos llevará a defender siempre nuestra propia opinión, a pelear por que nuestra voluntad sea hecha, mientras que la humildad nos llevará a estimar al prójimo, y desear hacer el bien, porque esta es la voluntad de Dios.

    Reconociendo que el orgullo es nuestro por la naturaleza pecaminosa, y que la paciencia, la benignidad, la bondad y la mansedumbre son regalos de Dios para nosotros, Romanos 12:21 nos deja un buen reto para hacer morir la carne y vivir poniendo en práctica el fruto del Espíritu:
    “No seas vencido de lo malo, sino vence con el bien el mal.”
    6 min
  • RG-23 Los adversarios de la verdadera fe
    Adversarios de la verdadera fe

    Hoy veremos cómo la idolatría y la hechicería se oponen a la fe. Si dudas a qué fe me refiero, te invito a buscar el episodio sobre la fe entre los dones del Espíritu.

    La fe nos lleva a confiar plenamente, por lo que quiero insistir en la importancia de que nuestra fe esté en la persona correcta. Dios se ha mostrado fiel desde el principio, por lo cual, cuando pide que pongamos nuestra fe en Él, podemos hacerlo confiadamente.

    En Hebreos 12 somos llamados a correr la carrera de la fe, “puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe.” Él diseñó la fe, y él es el que perfecciona esta fe en nosotros.

    Pero si la fe no está puesta en Jesús el Mesías, será una fe vana. En 1 Corintios 15:14 Pablo, alertando sobre aquellos que no creían en la resurrección para vida eterna, dijo que si Cristo no hubiera resucitado, vana sería entonces nuestra fe. La fe solo es válida si aquello en lo que creemos es fiel y verdadero. Y sabemos que fiel es el que nos ha llamado a la salvación, el cual también nos santifica y nos guarda, según leemos en 1 Tesalonicenses 5.

    Cuando Dios dio 10 mandamientos a su pueblo, el primero de ellos fue que debían adorar solo a Dios. Dice Deuteronomio 20:3-4 “No tendrás dioses ajenos delante de mí.” Dice además “No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra. No te inclinarás a ellas, ni las honrarás; porque yo soy Jehová tu Dios, … “

    Dios claramente prohibió que se honraran imágenes, y sin embargo, a lo largo de la historia, personas que dicen tener fe en Dios se postran y veneran imágenes, e incluso, en vez de hablar con Dios, dirigen sus plegarias a estos ídolos que roban la honra a Dios mismo. Esto es lo que prohibe el primer mandamiento.

    Sé que muchos justifican el rezar a imágenes de santos y vírgenes con el argumento de que estos están más cerca a Dios, y sus oraciones llegan al Padre. Démonos cuenta, sin embargo, lo ofensivo que es pensar que Dios, el cual ha dicho que está atento a nuestras oraciones, no pueda atendernos, y por eso debamos ir a través de personas que ya están muertas, y que por muy piadosamente que vivieran, no pueden realizar la labor mediadora entre los hombres y Dios. La Bíblia deja muy claro en 1 Timoteo 2:5 que “hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre”. Dale a Dios toda la honra, confiando en Él, para que tu fe no sea vana.

    En las obras de la carne, junto a la idolatría encontramos la hechicería, y es que son muy parecidas. El mundo de lo oculto y el más allá no es cosa del pasado. A día de hoy está teniendo mucha influencia en nuestra sociedad. Uno puede libremente consultar las cartas de tarot, visitar curanderos que ejerzan algún poder sanador, apelar a personas muertas y otras prácticas oscuras como la meditación oriental donde te invitan a vaciar tu mente. Pero Dios condena la hechicería; lo vemos a través de toda la Biblia. Volvamos al primer mandamiento; nuestra fe y lealtad debe ser para el único y sabio Dios.

    Cuando intercambiamos el plan de Dios por planes humanos, estamos siendo herejes, creando otra fe que no es la fe verdadera. Es cosa seria, porque Apocalipsis 21:8 nos dice que los idólatras y los hechiceros tendrán su parte en el lago de fuego.

    Mas en el fruto del Espíritu no hay condenación. Si ponemos nuestra fe en Dios, él es fiel para guardarnos hasta el fin, y su paz y su gozo llenarán nuestros corazones.
    7 min
  • RG-22 Los adversarios del amor
    Adversarios del amor

    Entre los adversarios que se oponen al fruto del espíritu vemos en primer lugar el adulterio y la fornicación, junto con la inmundicia y la lascivia. Podemos decir que el adulterio y la fornicación son pecados que revelan esa inmundicia y lascivia que mora en el interior. El adulterio se define como relaciones, sexuales o sensuales con alguien que no es tu marido. La Biblia deja claro que su plan de matrimonio es entre un hombre y una mujer, para toda la vida. Ya sé que esto ya ha sido cuestionado y desechado por nuestra sociedad, pero no deja de ser el plan sagrado y exclusivo de Dios.
    Cuando una mujer casada, porque este devocional está dirigido a mujeres, tiene deseo de tener una relación, ya sea emocional, sensual o sexual con cualquier hombre que no es su marido, Dios lo considera adulterio. Existe una relación exclusiva y especial que Dios ha diseñado para el matrimonio. Para Dios es muy importante, porque esta es la relación que Dios usa para hacernos ver la relación íntima entre Cristo y su Iglesia.

    La fornicación, a diferencia del adulterio, es una relación sensual o sexual inadecuada entre dos personas que no están casadas. Es decir, estás fornicando si tienes una relación sexual, o deseos sexuales hacia alguien con quien no estás casada, aunque no tengas un compromiso matrimonial con nadie más. Una vez más, aunque esto sea algo normal en el mundo en que vives, no deja de ser rebeldía declarada en contra del plan de Dios.

    La Palabra de Dios nos enseña que el pecado nace en el corazón, y podemos decir que las prácticas de la fornicación o el adulterio son el resultado de inmundicia y lascivia en el interior. La inmundicia es sinónimo de impureza o indecencia. Estas dos están claramente de moda, nos dice proverbios, los simples caen, mas los avisados lo evitan (Proverbios 22:3). Cuando permitimos inmundicia en nuestra vida, estamos abriendo el camino a la fornicación y el adulterio. La lascivia va más allá de la inmundicia; la lascivia es un deseo sexual desenfrenado. Nuestros líderes quieren alimentar la impureza y al mismo tiempo controlar la lascivia, pero es una realidad incuestionable que la impureza lleva a la lascivia, dando como resultado actos que van siempre en contra de la ley de Dios, y en algunas ocasiones en contra de las leyes establecidas. Mas los que son guiados por el Espíritu no tienen que sucumbir a las obras de la carne; recuerda, ya fueron crucificadas con Cristo.
    En el plan de Dios no hay lugar para la inmundicia o la lascivia. Un Dios santo ha diseñado un plan bueno para satisfacer nuestros deseos de una manera pura.

    El Cantar de los Cantares nos presenta la relación exclusiva del matrimonio, donde hay amor mutuo.

    “Venga mi amado a su huerto, Y coma de su dulce fruta.” (Cantares 4:16)
    “Yo soy de mi amado, y mi amado es mío; (6:3)
    “Yo soy de mi amado, Y conmigo tiene su contentamiento.” (7:10)

    El fruto del Espíritu es amor, un amor puro que se demuestra en relaciones puras, y además trae consigo gozo y paz, como una fruta deliciosa, para disfrutar en libertad de espíritu.
    6 min
  • RG-21 Y estos se oponen entre sí
    Y estos se oponen entre sí


    “Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne; y estos se oponen entre sí, para que no hagáis lo que quisiereis.” Gal. 5:17

    Quisiera resumir este contraste entre las obras de la carne y el fruto del Espíritu que Pablo presenta en mostrando cómo se oponen entre sí. Si puedes imaginar una tabla, pondríamos a un lado las obras de la carne, y al otro lado el fruto del Espíritu.


    Tenemos una lista de obras naturales a la que la carne tiende, deseos y pasiones que, según el versículo 24, los que son de Cristo ya las han crucificado. Es decir, si tú has puesto tu fe en Cristo Jesús, tu viejo hombre, con sus deseos y pasiones, fue crucificado con él en la cruz. Leemos en Romanos 6:6-7 “sabiendo esto, que nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con él, para que el cuerpo del pecado sea destruido, a fin de que no sirvamos más al pecado. Porque el que ha muerto, ha sido justificado del pecado.”

    Si hemos sido justificado del pecado y librados de su esclavitud, ¿cómo viviremos aún en él? pregunta el apóstol en el versículo 3.

    La respuesta se sobreentiende, pero Pablo sigue explicando para que entendamos que no podemos servir a Dios en las obras de la carne.

    Dice en Romanos 6:16 “¿No sabéis que si os sometéis a alguien como esclavos para obedecerle, sois esclavos de aquel a quien obedecéis, sea del pecado para muerte, o sea de la obediencia para justicia?”

    Aquello que servimos es lo que nos domina. Los que practican las obras de la carne, dice en Gálatas 5:21 “no heredarán el reino de Dios” porque no son hijos de Dios.

    Veamos el contraste que Pablo nos presenta entre las obras de la carne y el fruto del Espíritu. Hablamos del fruto del Espíritu como una unidad porque así lo presenta Pablo en Gálatas. Entendemos que no viene uno sin el otro, sino que si el árbol es sano, se evidenciarán todos los aspectos mencionados.Quizá ayude a pensar en el fruto del Espíritu como un racimo, con diferente fruta.

    En primer lugar el adulterio, la fornicación, la injusticia y la lascivia, que se oponen al amor puro que Cristo ofrece.

    En segundo lugar vemos la idolatría y la hechicería, y también podemos incluir la herejía, las cuales contrastan con la fe verdadera que salva y preserva.

    En tercer lugar leemos de enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, envidias y homicidios, que destrozan relaciones, oponiéndose a la paciencia, la benignidad, la bondad y la mansedumbre necesarias para tener relaciones duraderas y edificantes.

    En cuarto lugar vemos el contraste entre las borracheras, orgías y cosas semejantes, que nada tienen que ver con la templanza que presenta la Biblia.

    El gozo y la paz, fruto también del Espíritu, están presentes en los diferentes grupos, y se oponen a la falsa satisfacción que las obras de la carne traen y la culpabilidad que estas dejan.

    Estudiarem en los próximos episodios estos cuatro grupos, orando que nuestro espíritu anhele ese fruto que Cristo ofrece, para la gloria de Su nombre.
    6 min
  • RG-20 La templanza
    TEMPLANZA

    “Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley. Pero los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos.”
    Este último aspecto del fruto del Espíritu es la templanza. Curiosamente, este término solo aparece en la traducción de Reina y Valera una vez, y es en esta lista. Pero para referirse a esta misma virtud encontramos el término dominio propio o continencia entre otros.
    La templanza es la moderación o el autocontrol, la antítesis a cualquier exceso. Efesios 5:18 dice: “No os embriaguéis con vino, en lo cual hay disolución; antes bien sed llenos del Espíritu,” Un cristiano no debería estar controlado por ninguna sustancia en ningún momento, sino que deberíamos estar controlados contínuamente por el Espíritu Santo.
    Pero este autocontrol se ha de mostrar también en otros aspectos de nuestra vida. Proverbios habla del que no puede controlar su genio. Dice el 29:11” El necio da rienda suelta a toda su ira, Mas el sabio al fin la sosiega.” Esta rienda suelta es la falta de control de sus emociones. Y el 16:32 enseña: “Mejor es el que tarda en airarse que el fuerte; Y el que se enseñorea de su espíritu, que el que toma una ciudad.” Este que se enseñorea de su espíritu es el que tiene control sobre sus reacciones.
    Y así encontramos a través de la Palabra enseñanza sobre esta virtud que cada cristiano debería exhibir.

    2 Pedro 1:5-8 enseña que como Dios nos ha dado tanto debemos, “poniendo toda diligencia…, añadir a nuestra fe virtud; a la virtud, conocimiento; al conocimiento, dominio propio; al dominio propio, paciencia; a la paciencia, piedad; a la piedad, afecto fraternal; y al afecto fraternal, amor. Y dice: “si estas cosas están en vosotros, y abundan, no os dejarán estar ociosos ni sin fruto en cuanto al conocimiento de nuestro Señor Jesucristo.”
    Estos son fruto del Espíritu Santo que mora en el cristiano, y entre ellos está el dominio propio. Si estos abundan en nosotros, no estaremos ociosos. El ocio es un ídolo en nuestra sociedad. Los lugares de ocio abundan, y los excesos, ya sea en bebida, comida o experiencias son señal de diversión. Es más, el mundo no sabe qué pensar de los cristianos genuinos, porque no vivimos en los mismos excesos, y eso les incomoda.

    Me parece curioso y triste lo que encontramos en Hechos 24 , Pablo estaba hablándole de su fe a Félix el gobernador de Judea. Este escuchaba aténtamente, pero dice que “al disertar Pablo acerca de la justicia, del dominio propio y del juicio venidero, Félix se espantó.”
    Félix se sintió incomodado ante la llamada al dominio propio. Roma era conocida por los excesos, y pensar que un día podría ser juzgado por estos no le pareció un mensaje agradable.

    Si nos llamamos cristianos, debemos mostrar al mundo la templanza, no sólo en los excesos que parecen más obvios, sino en cada aspecto de nuestra vida. Que Dios nos ayude a no abusar de la televisión, de las redes sociales, del ocio o de cualquier cosa que nos distraiga del llamado de Dios a nuestra vida. Pablo lo expresó así: ¿No sabéis que los que corren en el estadio, todos a la verdad corren, pero uno solo se lleva el premio? Corred de tal manera que lo obtengáis. Todo aquel que lucha, de todo se abstiene; ellos, a la verdad, para recibir una corona corruptible, pero nosotros, una incorruptible” (1 Corintios 9:24-25) Abstengámonos de cualquier cosa que nos impida correr la carrera de la fe, y andemos en el Espíritu. “Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio.” (2 Timoteo 1:7)
    7 min
  • RG-19 La mansedumbre
    LA MANSEDUMBRE

    Si las obras de la carne son enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas y disensiones entre otras, el fruto del Espíritu que las puede eliminar es la mansedumbre. Un espíritu manso no es dado a la ira. Hay un dicho que dice “si uno no quiere, dos no se pelean” y podríamos decir que una persona mansa trae paz a una situación tensa. Proverbios destaca la bendición de un espíritu manso y lo contrasta a uno iracundo. Y nos recuerda el 15:1 que “La blanda respuesta quita la ira.


    El Señor Jesús predicó en el monte diciendo “Bienaventurados los mansos, porque ellos heredarán la tierra. (Mateo 5:5) Y dijo más tarde:
    “Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas.” Mateo 11:29


    La mansedumbre no muestra debilidad, como muchos pensarían. Sino que es fuerza y poder bajo control. Nuestro Señor Todopoderoso era manso y humilde.

    En los evangelios lo vemos dando ejemplo de su enseñanza, lavando los pies de sus discípulos, y soportando el sufrimiento de la cruz sin pensar en sí mismo. Como profetizaba Isaías 53:(4-7) “Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores;...herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él,... Angustiado él, y afligido, no abrió su boca; como cordero fue llevado al matadero; y como oveja delante de sus trasquiladores, enmudeció, y no abrió su boca.”

    “Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús”, pide Pablo en Filipenses 2.

    Esta mansedumbre debe brillar en nuestro trato con otros, para que la iglesia de Cristo sea edificada. Debe estar presente ya sea cuando nos reprendan, o cuando tengamos que reprender.

    Santiago 1 dice que “todo hombre sea pronto para oír, tardo para hablar, tardo para airarse; porque la ira del hombre no obra la justicia de Dios.” Santiago está pidiendo mansedumbre a la hora de recibir la Palabra de Dios. Y dice: “Desechando toda inmundicia y abundancia de malicia, recibid con mansedumbre la palabra implantada, la cual puede salvar vuestras almas.”

    Esta Palabra implantada en nuestras almas, recibida con la mansedumbre de su Espíritu, puede producir en nosotros la fe para la salvación y las buenas obras que la evidencien, enseña Santiago 3:13.

    El apóstol Pablo, cuando tiene que reprender a los corintios les habla en “La mansedumbre y ternura de Cristo” (2 Corintios 10:1), queriendo él comunicar la misma actitud de Cristo, y de igual modo enseña en Gálatas 6:1 “Hermanos, si alguno fuere sorprendido en alguna falta, vosotros que sois espirituales, restauradle con espíritu de mansedumbre, considerándote a ti mismo, no sea que tú también seas tentado.”

    Cuando ejercemos nuestra obligación cristiana de reprendernos y exhortarnos unos a otros, debemos echar mano de la mansedumbre de nuestro Señor, para no pecar, haciéndonos a nosotros mismos más de lo que realmente somos, pecadores justificados por mera gracia, capaces de pecar como cualquier otro, y dependientes de Dios, con deseo de darle gloria.

    La mansedumbre es muy importante a la hora de tratar con otros y al compartir el evangelio. Por eso vemos en Tito y Timoteo que el siervo de Dios ha de mostrar mansedumbre. (Tito 3:2; 1 Timoteo 6:11; 2 Timoteo 2:25)

    Y en 1 Pedro 3:15 leemos “Estad siempre preparados para presentar defensa con mansedumbre y reverencia ante todo el que os demande razón de la esperanza que hay en vosotros;”

    “Aprendamos de Cristo, manso y humilde de corazón; y dice nuetro Señor que hallaremos descanso para nuestras almas”
    7 min
  • RG-18 La fe
    LA FE

    “Yo soy una persona de fe” o “Ella tiene mucha fe.” ¿Qué significan exactamente estas afirmaciones? ¿A qué concepto de fe se refieren estas situaciones? Quizás sea que cree que hay algo más allá, quizás lo llamen Dios, o quizá algún santo o vírgen a los que acuden cuando las cosas no andan como esperaban. Se habla mucho de fe, cuando en realidad, en nuestra sociedad, no hay una demostración de fe verdadera de la que Dios habla en Su Palabra.

    Lo cierto es que, como hemos estado haciendo con cada aspecto del fruto del Espíritu, es importante definir el concepto del que habla la Biblia.

    En el caso de la fe tenemos una definición explícita en Hebreos 11:1 “Es, pues, la fe, la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve.”

    La fe es la certeza, la convicción. No es una esperanza abstracta que desea que todo vaya bien. Es una seguridad de que algo que ahora no se ve llegará a ser porque alguien en quien podemos confiar lo ha prometido.

    Estos dos aspectos, el algo y el alguien son clave a la hora de entender la fe bíblica.

    En primer lugar examinemos el objeto de nuestra fe, es decir, en quién tenemos fe de que algo será.

    El objeto de la fe cristiana es Dios: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Por la fe aceptamos que estos tres son una esencia, Dios. Cuando intentamos explicarlo la lógica humana se nos queda corta, mas por fe, comprendemos la deidad de Cristo, reflejada a través de las Escrituras.

    1 Timoteo 3:16 nos dice: “indiscutiblemente, grande es el misterio de la piedad: Dios fue manifestado en carne, Justificado en el Espíritu, Visto de los ángeles, Predicado a los gentiles, Creído en el mundo, Recibido arriba en gloria.”

    ¿Y qué es lo que creemos? ¿Qué es aquello que esperamos?

    Es por fe en Cristo que recibimos salvación. Efesios 2:8 dice: “Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios;”

    Por fe somos salvos y por fe vivimos la vida confiando en el Dios Fiel:

    Nos dice Hebreos 11:3 que por fe entendemos la creación: “habiendo sido constituido el universo por la palabra de Dios, de modo que lo que se ve fue hecho de lo que no se veía.”

    Por la fe podemos resistir la tentación, porque vemos más allá de lo que está delante. Efesios 6:16 nos exhorta a “Tomar el escudo de la fe, con que podáis apagar todos los dardos de fuego del maligno”.

    Por la fe podemos obedecer a Dios. Conocemos el capítulo de la fe, Hebreos 11, donde leemos de la nube de testigos que escogieron vivir con fe en Dios, soportando dificultades y obedeciendo a Dios cuando no veían el cumplimiento de la promesa , y de igual modo podemos nosotros andar como dice Hebreos 12:1-2 despojándonos “de todo peso y del pecado que nos asedia, y correr con paciencia la carrera que tenemos por delante, puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios.”

    La fe, fruto del Espíritu, es para salvación y preservación del alma hasta el día del Señor, como leemos en Hebreos 10:37-38.

    “Porque aún un poquito, Y el que ha de venir vendrá, y no tardará.
    Mas el justo vivirá por fe; Y si retrocediere, no agradará a mi alma.” dice Dios.

    “Pero nosotros no somos de los que retroceden para perdición, sino de los que tienen fe para preservación del alma.”

    Cuando el Espíritu te convenza de pecado, no retrocedas, acude a Cristo. Pon tu fe en Él, y vive por fe. Porque el que en él confía, no será avergonzado.

    “Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan.” Hebreos 11:6

    Esperamos ese día glorioso en que alcanzaremos el galardón, Cristo mismo. Con esta certeza, corramos con paciencia la carrera de la vida, viviendo día a día el fruto de la fe en Cristo.
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Reflejos de su gloria es un programa que tiene como objetivo compartir las enseñanzas de las Escrituras, celebrando la gloria de Dios, con el deseo de reflejar su carácter con cada enseñanza.