Jesús no pasaba desapercibido, al mismo tiempo que no iba buscando fama ni protagonismo. Su persona era en sí misma, una luz para el camino, una fuente para aliviar la sed, un refugio donde hallar descanso, un alivio para el dolor, una palabra de consuelo y esperanza. ¿Podría decirse lo mismo de nosotros?
Comentario al Evangelio por Sor Montserrat
https://www.dominicos.org/predicacion/evangelio-del-dia/10-1-2024/