¡¡¡ ELOÍ, ELOÍ, LAMA SABACTANI !!! Jesús sacude el Gólgota con ese grito ensordecedor. Jesús tomó nuestro lugar sabiendo que íbamos a seguir pecando, pues la salvación no nos hace perfectos ni impecables, aun así, continuó con su misión para que no tengamos que vivir siendo esclavos de ese pecado. Jesus fue abandonado para que nosotras no tengamos que vivir eso. Dios no lo volverá a hacer. Dios es un Padre que nos ama de manera incondicional.