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El sanchismo como estilo político ha hecho del poder ejecutivo el instrumento central de la vida política. Los socios parlamentarios del presidente del Gobierno saben que él y su ejercicio personalísimo del poder son su garantía de supervivencia. Por eso la dinámica política y parlamentaria se ha visto reducida a un juego de cesiones y presiones que se desarrollan siempre fuera del hemiciclo. El Senado, con una mayoría parlamentaria estable y cohesionada, podría convertirse en una Cámara que, más allá de limitarse a la revisión, desempeñara una función de control del poder.
Sánchez ha intentado extender su mayoría parlamentaria a todas las instituciones y ejercer un control desmesurado que bloquea permanentemente a la oposición. El monopolio del poder es evidente en la España de Sánchez y, en defensa de la democracia representativa, sostienen no pocos juristas y destacados constitucionalistas, habría que frenar la pendiente que conduce a una peligrosa primacía del Ejecutivo.
El control ejercido por el grupo mayoritario del Senado es signo de salud institucional, pero los cambios debieran ser permanentes y no supeditarse a una determinada mayoría. El Congreso no puede entorpecer al Senado al servicio de los intereses de una mayoría a la que no le ha importado usar las reglas de juego en provecho propio, alterando su sentido y función más propia que es la de favorecer la representación de todo el pueblo español y no solo de una parte.
By COPEEl sanchismo como estilo político ha hecho del poder ejecutivo el instrumento central de la vida política. Los socios parlamentarios del presidente del Gobierno saben que él y su ejercicio personalísimo del poder son su garantía de supervivencia. Por eso la dinámica política y parlamentaria se ha visto reducida a un juego de cesiones y presiones que se desarrollan siempre fuera del hemiciclo. El Senado, con una mayoría parlamentaria estable y cohesionada, podría convertirse en una Cámara que, más allá de limitarse a la revisión, desempeñara una función de control del poder.
Sánchez ha intentado extender su mayoría parlamentaria a todas las instituciones y ejercer un control desmesurado que bloquea permanentemente a la oposición. El monopolio del poder es evidente en la España de Sánchez y, en defensa de la democracia representativa, sostienen no pocos juristas y destacados constitucionalistas, habría que frenar la pendiente que conduce a una peligrosa primacía del Ejecutivo.
El control ejercido por el grupo mayoritario del Senado es signo de salud institucional, pero los cambios debieran ser permanentes y no supeditarse a una determinada mayoría. El Congreso no puede entorpecer al Senado al servicio de los intereses de una mayoría a la que no le ha importado usar las reglas de juego en provecho propio, alterando su sentido y función más propia que es la de favorecer la representación de todo el pueblo español y no solo de una parte.