Hay un solo Dios. Solamente hay un Dios. Esta doctrina es central al mensaje bíblico, pues ambos el Antiguo y el Nuevo Testamento la enseñan clara y enfáticamente.
Si decimos que creemos en Dios, pero no actuamos en lo que hemos creido nos engañamos a nosotros mismos. No podremos subir al Monte Moriah, antes de pasar por muchas experiencias en el altar.