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Es en lo profundo que nos encontramos entregándonos a Dios de una manera que nunca pensamos que lo haríamos. Nuestro "darse por vencido" se convierte en "ceder" a la voluntad perfecta de Dios, y eso es lo que debemos estar haciendo.
Cuando respondemos adecuadamente a los problemas, no viendo salida, o bendición, desarmamos a nuestro enemigo y honramos a nuestro Padre Celestial.
Muchas conversaciones son solo un delicado intercambio de palabras. Otras son intercambios prácticos o aburridos, sin sentido o aplicación, simples palabras sin dirección.
Podría decirse que ... ninguna conversación ha cambiado a más personas que aquellas con Jesús.
Se dice que un bebe en el vientre de su madre puede reconocer la voz de su papa y de su mama. Y aun llegar a distinguirlos el uno del otro.
La seguridad de los creyentes no está en las paredes del templo, sino en el Dios del templo y su consuelo en la comunión con él.
Las últimas palabras más famosas antes de que Dios obre son: "No tengo nada, no puedo más, mi dolor es muy profundo.” Necesitamos entender este principio: “Cuando Dios es la fuente, nunca hay escasez”.
Aproximadamente hace dos mil años, Dios vino en forma de hombre, y como un poderoso águila que desciende en ayuda de sus polluelos, Dios se abalanzó sobre la ayuda de una humanidad desamparada para salvarnos de la destrucción.
Muchos no se atreven a rechazar de plano la invitación del Evangelio, pero ponen toda clase de excusas para no entregarse al Señor. “Todos a una se excusaron.” Unánimes en el rechazo, aunque diferentes en las excusas.
Dios quiere cambiarnos al tipo de hombre para lo cual creó a Adán. Jesús vino como el tipo de hombre que Adán fue creado ser. Adán pecó en desobeniencia por lo que cayó de todo lo que Dios tenía para él. Jesus vino a darnos vida, y vida en abundancia. Todo lo que sabemos es que todo lo que Él fue, hizo, como hombre, es para nosotros.
La serpiente de bronce fue hecha como una serpiente, pero no tomada del desierto, y sin veneno. Jesús fue hecho a semejanza de carne de pecado, pero fue el segundo Adán del cielo, y sin pecado.
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