Caí en una pequeña depresión cuando una amiga, bastante poco leal, terminó quedándose con mi novio. Por suerte, otra amiga decidió que la mejor forma de sacarme de ese pozo era devolverme las ganas de disfrutar.
Se encargó de presentarme a varios chicos con una misión muy clara: levantarme el ánimo. Y, por lo visto, también levantar algo más.
Uno de ellos fue el que realmente lo consiguió. Con él descubrí que a veces la mejor medicina para el desamor puede ser un encuentro lleno de deseo y pasión.
En este relato te cuento cómo aquel encuentro terminó convirtiéndose en el auténtico antidepresivo que necesitaba. Dale play y descúbrelo.
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