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No se sabe mucho sobre Adelaide Pollard, y tal vez esta sea la idea. Fue una sierva humilde de Dios que no buscaba reconocimiento. A los cuarenta años, sintió un fuerte llamado a ser misionera en África, pero esa puerta se cerró y quedó profundamente desanimada. Sin embargo, recordó un versículo: «como el barro en la mano del alfarero, así sois vosotros en mi mano» (Jeremías 18:6). Al tiempo, escribió un himno con estas palabras: «Tú el alfarero, yo el barro soy».
La imagen en Jeremías tiene mucho que decirnos hoy: «la vasija de barro que él hacía se echó a perder en su mano; y volvió y la hizo otra vasija, según le pareció mejor hacerla» (Jeremías 18:4). Es un retrato de cómo Dios nos rehace para su propósito mayor. Sea lo que sea que creamos que debemos hacer o ser, Dios podría tener otra forma para nuestra vida.
Finalmente, Adelaide sí fue a África, pero quizá la forma que Dios tenía para su vida implicaba también otras cosas… como escribir ese himno —Has lo que quieras de mí, Señor— que ha inspirado a millones desde entonces. Cuando nos sentimos «en pausa» respecto a lo que queremos hacer, podemos pensar en cómo Dios nos está moldeando en este tiempo. Hacemos bien en dejar que Dios haga su voluntad mientras esperamos, «rendidos y quietos» su propósito mayor.
By No se sabe mucho sobre Adelaide Pollard, y tal vez esta sea la idea. Fue una sierva humilde de Dios que no buscaba reconocimiento. A los cuarenta años, sintió un fuerte llamado a ser misionera en África, pero esa puerta se cerró y quedó profundamente desanimada. Sin embargo, recordó un versículo: «como el barro en la mano del alfarero, así sois vosotros en mi mano» (Jeremías 18:6). Al tiempo, escribió un himno con estas palabras: «Tú el alfarero, yo el barro soy».
La imagen en Jeremías tiene mucho que decirnos hoy: «la vasija de barro que él hacía se echó a perder en su mano; y volvió y la hizo otra vasija, según le pareció mejor hacerla» (Jeremías 18:4). Es un retrato de cómo Dios nos rehace para su propósito mayor. Sea lo que sea que creamos que debemos hacer o ser, Dios podría tener otra forma para nuestra vida.
Finalmente, Adelaide sí fue a África, pero quizá la forma que Dios tenía para su vida implicaba también otras cosas… como escribir ese himno —Has lo que quieras de mí, Señor— que ha inspirado a millones desde entonces. Cuando nos sentimos «en pausa» respecto a lo que queremos hacer, podemos pensar en cómo Dios nos está moldeando en este tiempo. Hacemos bien en dejar que Dios haga su voluntad mientras esperamos, «rendidos y quietos» su propósito mayor.