Leslie Koh
Génesis 12:1-8
Pero el Señor había dicho a Abram: Vete de tu tierra y de tu parentela, y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré. Génesis 12:1
Llovía, lo que hizo bajar aún más la temperatura. Estábamos haciendo una excursión de varios días en Nepal, y dejar el cálido refugio de montaña para salir a un clima gélido se hacía más difícil cada mañana. «Vamos —insistió nuestro guía—. No se preocupen, yo estaré con ustedes».
Bajo la lluvia y la niebla, me sentía muy mal. Parecía inútil seguir: ¿qué podríamos ver? Sin embargo, horas después, el cielo se despejó, revelando impresionantes paisajes a la distancia, y nos las habríamos perdido si nos hubiéramos quedado atrás.
En Génesis 12:1, Dios le dijo a Abram que se dirigiera a Canaán: «Vete de tu tierra y de tu parentela, y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré». En ese momento, lo único que Abram podía ver era un largo y arduo viaje a través de una tierra inhóspita donde le esperaban penurias y enemigos. La única seguridad que tenía era la presencia de Dios y la promesa de convertirse en «una nación grande» (v. 2). Aun así, «se fue Abram, como el Señor le dijo» (v. 4). Recién muchos años después vería cumplidas las promesas.
A veces, Dios puede llamarnos a un trabajo, ministerio o tarea desafiantes que parecen insatisfactorios. Pero Él siempre estará presente. Al ponernos en marcha, va con nosotros.
¿Qué te está llamando a hacer Dios? ¿Qué te frena y cómo vas a ponerte en marcha?
Padre, dame la fe para confiar en ti y avanzar hacia lo desconocido, sabiendo que estás conmigo.
Jeremías 20–21
2 Timoteo 4
https://nuestropandiario.org/95G