Lisa M. Samra
Filipenses 3:17-21
… nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos ardientemente al Salvador, el Señor Jesucristo. Filipenses 3:20 (rva-2015)
Cuando era joven, me encantaba ir a un restaurante de comida rápida a comer gofres y té dulce. Cuando, de adulta, me mudé a otro estado, ¡me sorprendió que no hubiera ninguna sucursal en cientos de kilómetros a la redonda! En los viajes familiares, parábamos en ese restaurante, con la esperanza de que algún día abrieran uno cerca de casa.
Todos tenemos anhelos. A veces, en realidad no necesitamos lo que anhelamos, como un restaurante favorito. Otras, nuestros anhelos reflejan deseos más profundos.
Pablo les recordó a los creyentes filipenses que vivieran a la luz de su anhelo más profundo: el regreso de Cristo y la venida de su reino (Filipenses 3:20), que restauraría todo y transformaría a los creyentes para que fueran como Él (v. 21).
En vez de anhelar lo que no puede proporcionar una satisfacción duradera, Pablo dice que es esta realidad venidera lo que los creyentes «[esperan] ardientemente» (v. 20 RVA-2015): el día en que veremos a Jesús cara a cara.
Saber que nuestros anhelos serán un día satisfechos nos da la esperanza que necesitamos para vivir para Cristo (vv. 12-14).
Hace poco, abrieron uno de esos restaurantes cerca de mi casa, un pequeño recordatorio de que un anhelo mucho más importante se cumplirá algún día. Hasta entonces, esperamos.
¿Qué anhelas que Jesús restaure? ¿Qué es lo que más esperas de tu futuro con Jesús?
Jesús, llénanos de esperanza mientras esperamos tu regreso.
Isaías 28–29
Filipenses 3
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