Comenzamos el nuevo año sabiendo que cada día nacemos, que cada día morimos. Experimentar cada instante como el precioso tesoro que es, nos ofrece una calidad de plenitud y profundidad incomparables. Es un estado de renovación constante en la que logramos acallar y silenciar al ego, ese personaje que poco a poco se va disminuyendo para dejar espacio al Ser verdadero que en verdad, lo sostiene.