A las mujeres de más de cuarenta años les caracteriza la confianza que tienen en sí mismas. Han moldeado su cuerpo en el fragor de la batalla y su espíritu es cómplice de esto.
Ellas saben manejar un séptimo sentido que al resto de los mortales se les escapa, comprenden que la vida es amar a los demás pero, sobre todo, amarse a sí mismas.
Acumulan hábilmente experiencia y juventud, lo que les permite manejar su esencia y sumar vida a los años que ya les toca disfrutar. De hecho, se dice que cuando una mujer cumple los cuarenta es cuando empieza a pisar fuerte, a hacerse dueña de sus pasos y a balancear su equilibrio emocional y personal.T
De hecho, en algún momento de este proceso se recrea un antes y un después en nuestra vida, algo que es totalmente magnífico y que tenemos que aprovechar. Es el momento en el que podemos permitirnos crecer, lo que implica limpiar las heridas emocionales o cualquier otra cuestión que haya quedado inconclusa en la ste es uno de los mayores retos a los que nos enfrentaremos, pues de ello depende nuestro sentimiento de valía y el de quienes nos rodean. El proceso en cuestión requiere detectar cuáles son las partes de nuestra psique que necesitan resolverse y curarse.
Por eso, a partir de los 40 comienzas a entender que cada persona tiene un papel en tu vida, que algunas te ponen a prueba, que otras te utilizan y que no faltará nunca quien te ama y te enseña.