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¿Hay tierras raras en Jaén?
Parece ser que sí.
Bueno… A ver. ¿Sabéis lo que son las tierras raras?
Bienvenidos a YslaMac. Recibid un saludo de Amador Cámara, #elPeriodista de La Ysla De Los Macníficos. En éste, mi Report de octubre de 2026, voy a intentar hablaros de las tierras raras y de esos recursos que se han detectado en la provincia de Jaén. Digo que lo voy a intentar porque bien sabéis que yo soy de letras, en concreto de letras-mixtas, pero de letras al fin y al cabo. Y esto de la química no está entre mis fortalezas. Pero sí lo está el informar de las cosas, y las tierras raras de Jaén han copado las portadas de los medios de comunicación de Jaén, y de parte de España y del mundo, en los últimos días.
Un podcast de tecnología con epicentro en Jaén no podía pasar por alto este asunto. Lorenzo, Almirante, espero estar a la altura.
Se llama Proyecto Orión. Para ser más exactos “Programa de investigación minera Orión”. Lo lleva a cabo una empresa australiana: Osmond Resources Limited, a través de su filial española España Green Mineral Resources. Han hecho estudios de prospección sobre 232 km2 de la zona de Sierra Morena, en la provincia de Jaén, en el entorno de los municipios de Aldeaquemada, Montizón, Castellar y Santisteban del Puerto. Son alrededor de 772 cuadrículas mineras cuyos resultados se dieron a conocer públicamente hace un par de semanas: el proyecto contempla una inversión privada de 270 millones de euros, con una estimación de vida útil de la mina de 20 años.
Las tierras raras la conforman un conjunto de 17 elementos químicos poco conocidos pero muy utilizados a nivel industrial. Aunque se les define como “raras”, para nada lo son ya que se encuentra en la corteza terrestre. Lo que las hace “raras” es su dificultad de extracción y separación, ya que suelen estar mezcladas con otros minerales y se necesitan procesos complejos y más caros para aislarlas. El valor de las tierras raras está en su estructura atómica. Es decir, su configuración electrónica produce campos magnéticos potentes, efectos ópticos específicos y una alta conductividad eléctrica. Todo esto significa que hacen posible que la tecnología sea más ligera, más rápida y más eficiente.
Hay tierras raras prácticamente en todos los continentes, pero su explotación industrial no es tan así. En la extracción, China concentra alrededor del 60% de la producción mundial, seguida por Estados Unidos y Australia. En África, países como Burundi o Madagascar empiezan a ganar peso como productores emergentes. ¿En Europa? Prácticamente no tenemos. No que no haya tierras raras, sino que no se extraen. Pero, como hemos visto, son elementos tan vitales hoy día, la Unión Europea está impulsando iniciativas para diversificar el suministro, reabrir minas y potenciar el reciclaje. ¿El objetivo? Garantizar el acceso a materiales críticos sin depender de terceros países.
En este contexto, en España se ha lanzado el denominado primer Programa Nacional de Exploración Minera desde la democracia, que buscará minerales en más de 1.000 balsas y zonas mineras antiguas del país. Aquí encuadraríamos el Proyecto Orión. Si recordáis, la estimación de vida de la mina del Proyecto Orión, trabajando sobre la premisa de que se ponga en marcha… digo que se estima una vida de 20 años. Pues bien, a lo largo de esos 20 años, y según los estudios realizados, se calcula que se extraerían 2 millones de toneladas de mineral al año.
A día de hoy Europa depende al 100% del exterior para conseguir tierras raras, circonio y titanio. Pues bien, estos dos millones de toneladas de minerales que se extraerían al año de la mina de Jaén supondrían, entre otros…
Parece importante ¿verdad?. Escucha el #podcast completo y conocerás el reto que lanzo al resto de #náufragos.
Es todo.
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El hidrógeno es el elemento más abundante del universo, pero en la Tierra casi nunca lo encontramos solo: hay que fabricarlo, y cómo lo hagamos marca la diferencia entre agravar el problema climático o ayudar a resolverlo.
Bienvenidos a YslaMac. Soy Lorenzo, elAlmirante de La Ysla De Los Macníficos, y en mi Report de octubre de 2026 repasamos qué es el hidrógeno verde, el que se obtiene separando el agua mediante electrólisis con electricidad solar o eólica, frente al gris o al azul, que dependen del gas natural. Aunque el hidrógeno no es nuevo, hoy se producen cerca de 100 millones de toneladas al año y menos del 1 % es de bajas emisiones.
Os contaré también para qué sirve de verdad, y por qué no es la solución para todo. Siempre que se pueda usar directamente electricidad renovable, resulta más eficiente, por lo que en el coche particular lo tiene difícil. Donde el hidrógeno verde tiene sentido es en lo que no se electrifica fácilmente: la industria pesada, los fertilizantes, las refinerías y parte del transporte marítimo y aéreo.
Si hablamos con franqueza de los obstáculos que frenan su despegue nos encontramos: un coste todavía elevado, la falta de clientes que garanticen las inversiones y unas infraestructuras que aún no existen a la escala necesaria. Las cifras lo reflejan: la Agencia Internacional de la Energía ha tenido que recortar sus previsiones para 2030, y China concentra ya más de la mitad de la capacidad operativa.
Por último, pongo el foco en España y Andalucía, con proyectos como Onuba, en Huelva, que acaba de pasar de los anuncios a las obras, y con el corredor H2Med como puerta hacia Europa. ¿Promesa real o espejismo?
Te espero en el podcast.
Dale al play y cuéntanos qué opinas.
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El lanzamiento del iPhone Duo no solo ha marcado la entrada definitiva de Apple en el mercado plegable, ha abierto la puerta a una nueva era de decisiones de diseño e ingeniería que podrían redefinir toda la gama estándar en los próximos años.
En el episodio de hoy analizo cómo este modelo «halo» sirve como banco de pruebas para tecnologías que podríamos ver muy pronto en la familia principal de la manzana. ¿Por qué no soñar?
¿Un iPhone no plegable con el factor de forma exterior del Duo? La pantalla exterior de 5,4 pulgadas del iPhone Duo nos devuelve un formato compacto, pero con una relación de aspecto ultra funcional. Analizamos si Apple se atreverá a lanzar un sustituto espiritual de la serie «mini» o si este cuerpo más cuadrado y manejable se convertirá en el nuevo estándar de la ergonomía móvil.
El regreso de Touch ID: ¿Convivencia real o practicidad económica? Integrado estratégicamente para situaciones donde la pantalla interior está desplegada o el bloque de sensores Face ID no cabe, el lector de huellas resucita. ¿Veremos un sistema híbrido Face ID + Touch ID debajo del cristal en los futuros modelos Pro? ¿Tal vez recuperarlo en los modelos de gama de entrada que se presentarán en el primer trimestre del próximo año y retirar el Face ID de los mismos?
Cámaras bajo la pantalla con píxeles activos: El gran reto de las pantallas sin muesca ni Dynamic Island.
¿Qué tecnología del iPhone Duo te gustaría ver implementada de forma fija en los próximos iPhone convencionales? Te leo en los comentarios.
Por cierto, podéis escuchar el podcast como siempre en vuestro podcatcher favorito, pero también podéis ver las imágenes de la grabación en nuestro canal de YouTube:
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Durante los últimos años hemos pasado de preguntarnos qué puede hacer la inteligencia artificial a preguntarnos algo diferente: ¿podemos tenerla trabajando directamente en nuestro ordenador?
La idea parecía bastante sencilla.
Tenemos un Mac con procesador M1, tenemos modelos de inteligencia artificial que podemos descargar y tenemos herramientas que prometen convertirlos en asistentes capaces de ayudarnos a programar.
Así que pensamos: ¿por qué no probarlo?
El objetivo no era montar un laboratorio de inteligencia artificial ni convertirnos en ingenieros especializados en modelos de lenguaje. Queríamos algo mucho más sencillo: un asistente de programación que estuviera en nuestro propio ordenador y que nos ayudara a trabajar con nuestros proyectos.
Y ahí empezó la aventura.
Si buscas información sobre inteligencia artificial local encontrarás muchos vídeos en los que parece que todo consiste en instalar una aplicación, descargar un modelo y listo.
Y nuestro primer contacto con Ollama fue precisamente así.
Ollama es una herramienta que permite descargar y ejecutar modelos de inteligencia artificial directamente en nuestro ordenador, sin depender de un servicio en la nube.
Y funcionó.
Ese momento fue importante porque comprobamos que aquello que parecía tan complicado realmente podía hacerse.
El problema llegó cuando quisimos ir un paso más allá.
Nuestro objetivo no era tener una ventana donde preguntarle cosas a una inteligencia artificial.
Queríamos que trabajara con nosotros.
Que pudiera entender un proyecto, consultar archivos, modificar código y ayudarnos realmente durante el proceso de programación.
Y ahí descubrimos que ejecutar un modelo de IA y conseguir que ese modelo se comporte como un verdadero asistente de programación son dos cosas bastante diferentes.
Probamos diferentes posibilidades.
Qwen fue uno de los modelos que utilizamos. También probamos herramientas como Ornit, OpenCode y Aider, cada una intentando solucionar de una manera diferente ese problema.
Y tuvimos pequeños éxitos.
Pero también tuvimos muchos momentos de:
“Esto no funciona.”
Nuestro Mac podía ejecutar modelos de inteligencia artificial.
Eso estaba claro.
El problema era conseguir juntar todas las piezas que necesitábamos: modelo, contexto, herramientas, acceso al proyecto y capacidad para realizar acciones sobre él.
Y cuanto más avanzábamos, más evidente era que tener una IA funcionando no significa necesariamente tener un asistente de programación funcionando como nosotros queríamos.
Incluso descubrimos algo curioso con el Neural Engine de Apple.
El M1 tiene núcleos especializados para inteligencia artificial, pero eso no significa que cualquier modelo local pueda utilizarlos automáticamente. El programa y el modelo tienen que estar preparados para aprovechar ese hardware.
Así que tener un Mac con un Neural Engine no solucionaba mágicamente nuestro problema.
Aquí viene la parte interesante.
Al final llegamos a una conclusión bastante clara: para nosotros, para nuestros proyectos y para lo que queríamos conseguir, la IA local no era viable en ese momento.
Pero eso no significa que la inteligencia artificial local no funcione.
De hecho, funciona.
Hay personas para las que puede ser perfectamente útil. Depende del ordenador, de los modelos, de las herramientas y, sobre todo, de lo que quieras hacer con ella.
Nosotros simplemente descubrimos que nuestro caso concreto no encajaba con las posibilidades que teníamos.
Y aprendimos muchísimo durante el camino.
Quizá esta sea la principal conclusión de nuestro experimento.
No conseguimos exactamente lo que buscábamos, pero conseguimos algo igualmente importante: saber hasta dónde podíamos llegar.
Probamos herramientas nuevas, entendimos mejor cómo funciona la IA local y descubrimos que muchas veces la tecnología no es tan sencilla como parece en un vídeo de YouTube.
Pero tampoco es imposible.
Y esa es precisamente la razón por la que merece la pena probar.
La tecnología cambia constantemente. Lo que hoy no funciona bien puede funcionar perfectamente dentro de un año con otro modelo, otro ordenador o una herramienta diferente.
Por eso nuestra experiencia no termina con un “esto no sirve”.
Termina con un:
“Ahora sabemos lo que podemos hacer… y lo volveremos a intentar cuando llegue el momento.”
Porque en tecnología hay veces que hay fracasos que son exitosos.
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Estos son algunos de los ejemplos de la denominada Agricultura de precisión. Algo que en el fondo se resume en la llegada de tecnología a las labores agrícolas.
Bienvenidos a YslaMac. Recibid un saludo de Amador Cámara, #elPeriodista de La Ysla De Los Macníficos. Comenzamos temporada de manera especial el primer #Report de nuestra 11ª Temporada. Estamos en la 44ª Feria de Maquinaria Agrícola de Úbeda, en Jaén.
Nos acompañan:
Si queréis sacarle al #podcast todo su jugo, no dudéis en escucharlo.
Por cierto, que para esta nueva temporada, en estos podcasts individuales, ampliamos temática. Mantendremos la tecnología aplicada al periodismo y al deporte, y también abordaremos asuntos tecnológicos en la agricultura y el coche eléctrico. Estos son los cuatro ejes sobre los que pivotarán los #Reports de #elPeriodista.
Si queréis saberlo todo… os espero en el podcast.
Es todo.
Por cierto, podéis escuchar el podcast como siempre en vuestro podcatcher favorito, pero también podéis ver las imágenes de la grabación en nuestro canal de YouTube:
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Hoy toca hablar de un cacharrito que me ha cambiado la forma de viajar: el ResMed AirMini. Es un CPAP minúsculo, apenas 300 gramos, cabe en la palma de la mano, y por fin puedo dejar de meter medio hospital en la maleta cada vez que salgo de casa.
Empiezo contando por qué esto era un problema de verdad: mucha gente que usa CPAP acaba dejándoselo en casa cuando viaja, precisamente por el tamaño de los equipos de toda la vida. El AirMini resuelve justo eso.
Lo bueno, en detalle: no lleva depósito de agua para nada. Tiene una pieza que se llama HumidX que aprovecha el calor y la humedad de tu propia respiración para devolvértelos al inhalar, así que te ahorras rellenar y limpiar depósitos cada noche de hotel. Se conecta por Bluetooth a una app donde ves tus datos de uso, mantiene los mismos modos de presión que los equipos grandes, y está aprobado para usarlo en cualquier fase de un vuelo, así que tampoco hay que preocuparse por eso.
En la práctica: pesa nada, apenas hace ruido (se nota sobre todo si compartes habitación), y montarlo y desmontarlo lleva un par de minutos. Nada de cables sueltos ni depósitos que limpiar antes de hacer la maleta.
Y cierro con una reflexión más de fondo: esto encaja con una tendencia que llevamos viendo años en tecnología médica, la de hacer los aparatos cada vez más pequeños sin perder prestaciones — lo hemos visto con los medidores de glucosa, con los electrocardiógrafos de muñeca, y ahora con esto. Cuando un tratamiento diario deja de sentirse como una carga, es mucho más fácil mantenerlo.
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Hoy que cualquier pantalla a 120 Hz nos secuestra la atención a base de algoritmos, me ha dado por recordar que mis primeros años transcurrieron en una casa sin televisión. Ojo: no me malinterpretéis. No fui un ermitaño. Naciendo en el 77, me las apañé diplomáticamente para no perderme ni una sola serie de la época, colándome con nocturnidad y alevosía en los salones de amigos y vecinos para compartir sofá frente a cualquier evento importante, desde el fútbol hasta las tardes de toros.
Pero cuando la puerta de casa se cerraba, el salón volvía a la sobriedad. Allí no había tubo de rayos catódicos (llegaría años después, más cerca de mi pre-adolescencia que de mi infancia). Ahí reinaba la radio. Pura dial AM-FM, sin píxeles, sin scroll y sin compasión. Y mira que entretenía y te mantenía informado día y noche.
Aquellos primeros años de mi infancia sintonizando frecuencias a oscuras no solo me libró de la televisión de consumo masivo. Me gusta pensar que moldeó, sin saberlo, mi forma de entender el audio, la tecnología y el valor del tiempo del oyente. Pero lo fascinante no es de dónde vienes, sino a dónde te lleva el virus de las ondas cuando te niegas a curarte con los años.
Lo que empezó como un simple entretenimiento infantil sin pantalla, porque no había otra alternativa, acabó convirtiéndose en el germen de un monstruo mucho mayor. Algo que va bastante más allá del podcasting y que ha terminado recientemente por cambiar mi relación con el espectro radioeléctrico para siempre …
En este nuevo Report de elPiloto para LaYslaDeLosMacníficos, os cuento qué ocurre cuando un niño en sus primeros años de infancia se cría sin televisión en casa y la alternativa es a base de transistores y ruido blanco y … con el tiempo, … decide llevar esa pasión al siguiente nivel. Y no, no tiene nada que ver con comprarse el último iPhone. Es algo más místico y romántico .
… y, seguramente, elPeriodista, elAlmirante y elCódigoFuente, náufragos de YslaMac, sean mucho más culpables de lo que se imaginan …
🎧 Dale al play para descubrir la historia completa.
Por cierto, te dejo enlace a las imágenes de este #podcast que puedes encontrar en el canal de #YouTube de #YslaMac:
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¿Qué ocurriría si mañana despertaras y descubrieras que Internet ha dejado de funcionar?
No hablamos de un problema con tu operador ni de una avería en el router. Imagina un escenario mucho más amplio: un fallo global que dejara sin conexión a millones de personas durante veinticuatro horas.
Ese fue el punto de partida del último Report de la décima temporada de YslaMac. Un episodio planteado como una ficción, pero construido sobre una pregunta muy real: ¿hasta qué punto dependemos de Internet sin ser realmente conscientes de ello?
Son las ocho de la mañana. Suena el despertador. Coges el móvil para comprobar si tienes algún mensaje pendiente. WhatsApp no carga. Pruebas YouTube. Nada. Reinicias el router convencido de que, como tantas otras veces, el problema desaparecerá en unos minutos.
No ocurre.
Sales a la calle y todo parece normal. Los coches circulan, los autobuses pasan y la gente continúa caminando mirando la pantalla del móvil. Todavía nadie sospecha que acaba de comenzar un día completamente diferente.
Lo curioso de una situación así es que nadie pensaría inmediatamente en un fallo mundial de Internet. Lo primero sería culpar a la compañía telefónica, al Wi-Fi de casa o incluso al propio teléfono. Solo cuando pasan las horas empezamos a entender que el problema es mucho mayor.
Vivimos rodeados de servicios que funcionan de forma tan transparente que apenas pensamos en ellos. La banca online, el correo electrónico, las videollamadas, las aplicaciones de mensajería o el almacenamiento en la nube forman parte de nuestra rutina diaria.
Hasta que dejan de estar disponibles.
En cuestión de horas descubriríamos que gran parte de nuestro trabajo depende de servicios alojados en Internet.
Documentos que ya no podemos descargar, reuniones que nunca llegan a celebrarse, fotografías que permanecen guardadas en la nube y aplicaciones que, sencillamente, dejan de funcionar.
Es en ese momento cuando aparece una frase que muchas empresas temerían escuchar:
«¿Alguien tiene una copia en local?»
Y, probablemente, la respuesta sería un incómodo silencio.
Uno de los momentos más llamativos de esta simulación llega cuando intentamos pagar un simple café.
El datáfono no responde.
Durante años hemos normalizado pagar con el móvil o con el reloj inteligente. Es rápido, cómodo y seguro. Tanto, que muchas personas apenas llevan dinero en efectivo encima.
Pero basta un fallo en las comunicaciones para recordar que el dinero físico sigue teniendo un papel importante.
No se trata de desconfiar de la tecnología. Al contrario. Se trata de comprender que toda infraestructura puede fallar y que disponer de alternativas nunca está de más.
Durante mucho tiempo hemos escuchado que nuestros documentos «están en la nube». La expresión transmite una sensación de ligereza, casi de magia.
Sin embargo, la nube no deja de ser una enorme red de centros de datos repartidos por todo el mundo.
Si no podemos acceder a ellos, nuestros archivos siguen existiendo… pero dejan de estar disponibles para nosotros.
Esta reflexión resulta especialmente interesante porque muchas personas ya no conservan copias locales de sus documentos más importantes. Fotografías familiares, trabajos, proyectos personales o incluso documentos administrativos dependen exclusivamente de una conexión a Internet.
La IA ha llegado para quedarse y forma parte del día a día de millones de personas.
La utilizamos para trabajar, estudiar, escribir, programar, organizar tareas o resolver dudas.
Pero hay algo que pocas veces pensamos.
La mayoría de estas herramientas necesitan Internet para funcionar.
En nuestra simulación, miles de personas intentan abrir ChatGPT, Gemini, Claude o Copilot. Ninguna responde.
Y entonces aparece una idea muy interesante. No dependíamos realmente de la Inteligencia Artificial. Dependíamos de Internet para llegar hasta ella. Es una diferencia sutil, pero importante.
Todos conocemos a alguien que lleva una linterna en el coche, una batería externa cargada, una radio de emergencia o algo de dinero en efectivo «por si acaso».
Muchas veces pensamos que exagera.
Pero una situación como esta demuestra que prepararse para pequeños imprevistos no significa esperar el fin del mundo.
Significa entender que los sistemas pueden fallar.
Y que disponer de un plan B aporta tranquilidad.
No hace falta construir un refugio ni almacenar comida para meses. A veces basta con tener una linterna cargada, una batería externa, algo de efectivo y la costumbre de no depender exclusivamente de un único sistema.
Cuando el día termina sucede algo inesperado. Las terrazas siguen llenas. Las familias continúan reunidas. Los niños juegan en los parques. Los vecinos hablan entre ellos.
Cinco amigos se sientan alrededor de una mesa. Los cinco móviles descansan sobre ella. Ninguno funciona. Así que hacen algo que parecía casi olvidado. Hablar. Sin interrupciones. Sin consultar notificaciones.Sin sacar una fotografía de la comida. Simplemente conversar.
Y quizá esa sea una de las imágenes más potentes de toda la simulación.
Porque no todo lo que ocurre durante esas veinticuatro horas resulta negativo.
También descubrimos cuánto tiempo dedicamos a mirar una pantalla casi por inercia.
Durante muchos años Internet fue visto como un servicio más. Hoy es mucho más que eso.
Es la infraestructura que conecta bancos, empresas, hospitales, administraciones públicas, plataformas de trabajo, sistemas logísticos y buena parte de nuestras comunicaciones personales.
No solemos pensar en ello porque, cuando funciona, permanece completamente invisible. Solo cuando desaparece descubrimos hasta qué punto sostiene nuestra vida cotidiana.
Todo lo que has leído forma parte de un ejercicio de imaginación.
No ocurrió.
Al menos, no exactamente así.
Pero basta mirar atrás y recordar incidentes recientes, como grandes apagones o caídas masivas de servicios digitales, para comprender que nuestra dependencia tecnológica es mucho mayor de lo que solemos reconocer.
La intención de este Report nunca fue generar miedo.
Fue provocar una reflexión.
La próxima vez que desbloquees el móvil y todo funcione como siempre, quizá merezca la pena detenerse un segundo y hacerse una pregunta muy sencilla:
¿Qué parte de mi vida dejaría de funcionar si mañana Internet desapareciera durante solo veinticuatro horas
Tal vez la respuesta diga mucho más sobre nosotros que sobre la propia tecnología.
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Hace diez años Samsung vivió una pesadilla: su buque insignia, el Note 7, se incendiaba en los bolsillos de algunos usuarios, lo que obligó a la empresa a retirarlo de todo el mercado. Desde entonces, aborda cualquier cambio en la química de sus baterías con extrema cautela y analiza cada detalle.
Este julio, por fin, ha dado el paso. En sus nuevos smartphones plegables (Z Fold8, Z Fold8 Ultra y Z Flip8) estrenó una tecnología que llevaba años rondando el sector: baterías de silicio-carbono. No es solo un cambio de nombre. El ánodo, la pieza donde se aloja la carga eléctrica, deja de ser de grafito puro para incorporar silicio, un material capaz de retener hasta diez veces más energía en el mismo espacio. El resultado es fácil de entender, aunque la química no lo sea tanto: móviles más finos con más batería, o la misma batería en un cuerpo más compacto, y de propina, cargas algo más rápidas.
Eso sí, Samsung no ha sido la primera en subirse a este carro. Fabricantes chinos como Honor o Xiaomi lo llevan haciendo un par de años. La cautela tiene una explicación muy concreta: el fantasma del Note 7 planea en cada decisión que toma la compañía sobre las baterías de sus dispositivos.
En mi Report del mes de agosto cuento esta historia con más calma: ¿por qué el grafito llegó a su límite? ¿cómo consigue el silicio multiplicar la capacidad sin que la batería se hinche? y ¿qué se espera para el año que viene, con la gama S ya en el punto de mira?. Un ratito para intentar entender uno de los cambios más importantes en la tecnología de baterías de los últimos años.
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No sé si en alguna ocasión, a lo largo de vuestra vida, os ha ocurrido algo que deseabais. Pero llegó de manera inesperada y después de que sucediera una serie de circunstancias rocambolescas que os hizo pensar que había sido un milagro. Con la felicidad en el cuerpo y la sonrisa en la cara, no parabais de pensar algo así como que…
Bienvenidos a YslaMac. Recibid un saludo de Amador Cámara, El Periodista de La Ysla De Los Macníficos.
En éste, mi Report de agosto de 2026 vamos a hacer un cosa diferente. Es el último podcast de esta décima temporada de YslaMac, y he querido hacer un “Off-topic”. Hoy no vamos a hablar de tecnología. Va a ser un Off-topic sobre “Las vueltas que da la vida”.
Y lo hago por algo que me ha ocurrido, rocambolesco como hablábamos al principio, que os voy a contar en un momento, y del que he sacado una lección de vida que quiero compartir con vosotros.
He contado muchas veces que siempre quise ser periodista. Desde niño. Desde muy niño. Pero la cosa se complicó por cuestiones que no vienen al caso, y sin embargo conseguí plaza en la Facultad de Periodismo de Sevilla porque “se alinearon los astros”. Sí. Pasaron tantas cosas, tan raras, tan complementarias una con otra… que aquello me pareció más que un milagro.
Y…. ¿Sabéis qué? Ha vuelto a pasar. Sí. Otro milagro.
Sin embargo. No creo en los milagros. Sí que hay suerte, podemos y nos merecemos tener buena suerte, pero estoy convencido de que la suerte no llega sola. Hay que echarle una mano. En ocasiones más grande que en otras, pero, como decía alguien que ahora no recuerdo quien era…. “Cuando llegue la suerte, que te pille trabajando”.
De esto es de lo que os quiero hablar. Nunca hay que darse por vencido. Siempre tenemos que tirar para adelante, aunque sea por caminos extraños para nosotros, alejados de la ruta que nos gustaría seguir, pero nunca sabes si esta vía que ahora tomas y se aleja de a donde quieres llegar… digo que quién te asegura que en un momento dado no da un giro brusco y te coloca justo en el destino deseado. Y, por supuesto, manteniendo abiertas opciones y posibilidades que aunque no lo parezca ahora, puede que en un día te salven la vida.
Si queréis saberlo todo… os espero en el podcast.
Es todo.
Por cierto, podéis escuchar el podcast como siempre en vuestro podcatcher favorito, pero también podéis ver las imágenes de la grabación en nuestro canal de YouTube:
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