Desde que se asentó definitivamente en la finca de su padre, hace más tres décadas, sembró un sauce llorón en el jardín, frente a la ventana de su cuarto. Alguien le hizo saber que este árbol, lejos de atraer tristezas, acercaba a la casa la ventura del agua, la luna, la fertilidad de la tierra. “La naturaleza es sabia”, afirma Soraya Díaz Álvarez, y hay en ello un simbolismo que lo dice todo. Caprichosamente, los domingos, justo cuando clarea el día, las ramas de ese sauce se llenan de zunzunes.