“Si me dicen que escriba sobre Francia yo digo que no. Yo escribo solo sobre Sancti Spíritus”. Las palabras de la historiadora María Antonieta Jiménez Margolles, Ñeñeca, llevan la pasión por la ciudad que habita en ella y en cada espirituano.
Las piedras entretejidas en las calles, las aldabas con sus sonidos de antaño, las rejas coloniales, las tejas rojizas horneadas con sudor esclavo; cada elemento arquitectónico de esta villa, fundada hace 510 años, merece reverencia, la reverencia que le regalan sus hijos.