Desde el comienzo de la civilización hubo guerras, todas ellas por motivos que escapan a la comprensión del común de los hombres, aunque su causa sea conocida por la mayoría, sus propósitos son sólo conocidos por unos pocos.
Todas ellas fueron “santas”, aunque ahora no lo comprendan. Pero sólo una fue librada por el trofeo que todavía ahora se disputan, el Lhumanu. Esta guerra no
sólo fue librada en la tierra, sino también en el cielo, y sus protagonistas y verdaderos actores aún hoy siguen en batalla. Lo que voy a relatar no será de su agrado, pero es la pura y cruda realidad. Más allá de todo preconcepto, idea, valor, creencia, emoción o sentimiento, está la realidad general, la que muestra la verdadera cara de dios, que es el rostro del hombre.