A veces la historia se condensa en una imagen: un niño de seis años, ojos enormes, rescatado del mar como si emergiera de un mito. El 25 de noviembre de 1999, Elián González apareció así, aferrado a un neumático frente a las costas de Miami, tras un naufragio que se llevó la vida de su madre y de casi todos los que lo acompañaban en la travesía desde Cuba. Para muchos, fue apenas la noticia del día. Pero, sin saberlo, estaban asistiendo al inicio de uno de los episodios más tensos y simbólicos en la relación entre Cuba, Estados Unidos y su diáspora.