El verdadero cristiano ama, dialoga y busca la paz en todo momento. Por eso, se aleja del fanatismo por medio del cultivo de la humildad y el amor al prójimo. No sigue ideas o líderes ciegamente; siempre cuestiona, investiga y escucha diferentes puntos de vista. Sobre todo, no pierde el respeto hacia los demás, aun cuando sostengan puntos de vista diferentes.