La Cuaresma no comienza con esfuerzo.
Comienza con verdad.
Hoy la Iglesia no nos explica todo. No nos corrige primero. Nos marca con ceniza y nos recuerda quiénes somos delante de Dios.
Eres polvo.
Eres frágil.
Y eres amado.
Antes de hablar de sacrificios, metas o cambios, la Cuaresma nos invita a recordar. Porque la conversión no comienza con disciplina, sino con honestidad. Cuando la ilusión de autosuficiencia se rompe, el deseo despierta nuevamente.
Las cenizas no humillan.
Clarifican.