Esa carrera la podemos correr porque el Alfa y la Omega nos cubrieron, Jesucristo mismo la corrió por nosotros, entonces podemos decir no me voy a rendir porque el plan ya está listo, la obra está terminada, las tormentas son pasajeras, las circunstancias son cambiadas, nuestra mirada está puesta en él, y se trata de lo que él ya hizo por amor.