Revisionismo Histórico I (abre los ojos)

Revisionismo Histórico I (abre los ojos)

By Ramanuyacaria das VanapastraReligion & Spirituality
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Revisionismo Histórico I (abre los ojos) episodes

  • 15 (b) y FIN La Tierra no es un Globo! - Astronomía Zetética - SAMUEL BIRLEY ROWBOTHAM
    Sin embargo, Wallace necesitaba convencer a los dos árbitros para ganar la apuesta. Coulcher y Carpenter se reunieron en la casa del primero, donde Coulcher elaboró una serie de diagramas y planos que mostraban de forma esquemática los resultados. Pero Carpenter no cedía, seguía en sus trece, negando lo evidente y sin reconocer su derrota. Carpenter envió una carta a Wallace para solicitarle que llamara a otro árbitro distinto para poder discutir de manera “sensata” el experimento. El naturalista, anonadado por la escasa honradez de su contrincante, no tuvo otra opción, así que volvió a llamar a John Henry Walsh. Este, amablemente, acudió de nuevo como árbitro y analizó los esquemas del experimento. Asimismo, tuvo que ceder a las demandas de Hampden de enviar los documentos a un oftalmólogo experto, el señor Solomons. Para asegurarse de que no había ninguna trampa (ya las había habido a raudales por su parte), Hampden envió a Carpenter para seguir la evolución de los análisis del oftalmólogo (aunque finalmente las realizó un aprendiz suyo igualmente capacitado). Para su desgracia, la revisión concluyó lo evidente: que el experimento estaba bien hecho y que demostraba que la superficie del agua era curva. No hay más ciego que quien no quiere ver…
    Finalmente, todas las evidencias señalaban la victoria de Wallace, y así lo dejó por escrito Henry Walsh:
    “El Sr. A. R. Wallace, mediante el experimento que aprobó de forma satisfactoria el Sr. Hampden y su árbitro, elegido por estos dos señores, ha demostrado a mi satisfacción “la curvatura de aquí para allá” del nivel del canal de Bedford entre el puente Welney y la presa de Welch (seis millas) [aquí Walsh se equivocó y realmente quería hacer referencia al puente de Old Belford] hasta la extensión de cinco pies, más o menos. Por lo tanto, propongo que se pague al Sr. A. Wallace la cantidad de 1000 libras esterlinas, que ahora está a mi nombre en el Banco Coutts para respetar el resultado de la prueba anterior, el próximo jueves, a no ser que el señor Hampden me notifique lo contrario.”
    Los corchetes son del autor. A partir de aquí es cuando llegamos al colmo de la hipocresía y lo lamentable, porque Carpenter se negó a firmar el documento que otorgaba la victoria a Wallace. Los zetetistas, después de todo, se negaron a ceder porque su mentor Rowbotham ya había “demostrado” la planitud de la Tierra. Hicieron perder el tiempo a Wallace, porque nunca iban a reconocer que él había ganado, ya tenían una idea prefijada e inamovible. Aun así, Walsch, harto ya de tanto disparate, dio justamente el premio a Wallace. Mientras, el granuja de Carpenter aprovechó para redactar un panfleto para desacreditar a Walsh y a Wallace, tildándoles sin vergüenza alguna de fraudes y de haber manipulado los datos. Por su lado, Hampden intentó durante varios años destruir socialmente a Wallace mediante el envío de misivas a los colegas, familiares y amigos del científico donde escupía todo tipo de difamaciones sobre el naturalista. Sin embargo, se hizo justicia, ya que Hampden fue denunciado por Wallace por calumnias y por mancillar su honor. A lo largo de todo ese tiempo, fue condenado hasta en cuatro ocasiones, pasando algunos meses en prisión y obligado a pagar 600 libras a Wallace, cosa que nunca hizo por declararse insolvente. También llegó a enviar cartas de amenaza de muerte hacia Wallace remitidas a la esposa del naturalista, por lo que también fue juzgado:
    “Señora, si su ladrón infernal […] llega a casa algún día […] con cada hueso de su cabeza hecho papilla, sabrá la razón. Dígale de mi parte que es un mentiroso ladrón infernal, y tan seguro de que su nombre es Wallace, él nunca morirá en su cama. Debe de ser una miserable desgraciada por ser obligada a vivir con un delincuente convicto. No piense o no deje que piense que he terminado con él.”
    Asimismo, en 1876 John Hampden denunció a Henry Walsh amparándose tramposamente en una ley que prohibía las apuestas (cuando fue él quien la realizó). Desgraciadamente, en este caso sí ganó el juicio y Wallace fue obligado a pagarle las 500 libras que justificadamente consiguió en 1970. No tuvo que pagarlo todo, ya que Hampden aun le debía 600 libras por la denuncia que no había solventado. Y no solo esto, ya que Wallace también recibió críticas de sus propios colegas científicos (incluyendo de Darwin) al haber dado más repercusión a la locura terraplanista a causa de este escándalo y por haber participado en una apuesta que discutía un hecho científico indiscutible, la esfericidad de la Tierra.
    Así terminó uno de los capítulos más patéticos de la historia. No obstante, aun queda una cuestión por dilucidar. ¿Por qué vio Rowbotham durante su experimento el barco situado más allá de 6 millas si tendría que haber sido ocultado por la curvatura del agua? Existe una explicación que concuerda con sus resultados y que mencionaremos en más ocasiones: fue víctima de la refracción atmosférica, es decir, la desviación de los rayos lumínicos que reflejan los cuerpos en determinadas condiciones atmosféricas (cuando las temperaturas son altas, por ejemplo) y que nos permite verlos aunque no estén en nuestra línea de visión. De hecho, Parallax señala que el experimento se llevó a cabo en verano, por lo que las altas temperaturas aumentan la probabilidad del efecto refractario. Lo que está claro es que su experimento quedó refutado, con escándalo de por medio. Y no sólo por Wallace. Años más tarde, concretamente en el verano de 1900 y 1901, el profesor de geografía Henry Yule Oldham replicó con exactitud el experimento del naturalista en el mismo tramo del Old Belford y empleando la misma técnica, sólo que esta vez utilizó un teodolito más moderno y una cámara fotográfica para constatar la observación. Sus resultados corroboraron a la perfección los de Wallace.
    La refutación temprana de la prueba “fundacional” del movimiento terraplanista moderno y el nefasto comportamiento de aquellos primeros miembros (dos hechos que los terraplanistas se olvidan a menudo de mencionar) ya nos dice mucho del movimiento terraplanista… A continuación, analizaremos algunos de los tópicos terraplanistas más populares. Si el lector quiere indagar más sobre las bases terraplanistas, recomendamos la lectura de dos libros: 200 Proofs Earth Is Not a Spinning Ball (200 Pruebas de que la Tierra no es una Pelota giratoria) de Eric Dubay, una de las mejores recopilaciones de argumentos sobre la Teoría de la Tierra Plana que además es de acceso libre, y Tierra plana. La mayor conspiración de la historia del youtuber español Óliver Ibáñez, un libro que no deja de ser una copia literal del anterior pero en el que el autor ha introducido algunas reflexiones de su cosecha.
    La curvatura invisible
    El horizonte siempre aparece perfectamente plano independientemente de la altura a la que se encuentre el observador y hacia donde mire.
    Lo cierto es que esto no es así. A partir de una determinada altura, se puede apreciar la curvatura de nuestro planeta. Para observar dicha curvatura nos tendríamos que situar a unas alturas a las que muy pocos pueden acceder: a más de 30 Km, y aún así la curvatura es casi imperceptible. ¿Por qué? Acudamos a las matemáticas.
    Nuestro planeta tiene un radio aproximado de 6371 Km. Para calcular la longitud de una circunferencia se emplea la siguiente fórmula:
    Circunferencia = 2 * r * ?
    Es decir, hay que obtener el producto del número pi multiplicado por dos veces el radio, o lo que es lo mismo, el diámetro. De esta forma sabemos que la circunferencia de nuestro planeta mediría unos 40030,17 Km. Considerando la Tierra como una esfera casi perfecta, los círculos imaginarios o meridianos que forman la superficie terrestre tienen 360º, así que podemos saber la longitud que tiene un grado realizando una sencilla división:
    40030,17 Km / 360º = 111,19 Km es lo que ocupa 1 grado en la circunferencia de nuestro planeta
    https://periergeia.org/dossier-terraplanismo-parte-2-tierra-plana-vs-tierra-esferica-la-teoria-de-la-tierra-plana-a-examen/
    35 min
  • 16 (1 - fin) La Tierra no es un Globo! - Astronomía Zetética - SAMUEL BIRLEY ROWBOTHAM
    Hampden fue un acérrimo seguidor de Rowbotham y otros zetetistas. Fue el hijo mayor del rector protestante de una parroquia del condado de Dorset (Inglaterra). Se apuntó a un grado universitario de divinidad en la Universidad de Oxford, donde solo completó dos años. Su conversión al movimiento zetetista se produjo tras toparse con la obra Theoretical Astronomy Examined and Exposed (“Astronomía teórica examinada y expuesta”), cuyo autor fue otro seguidor de Rowbotham, William Carpenter (1830-1896). Tan prendado quedó de su contenido que pagó 100 libras para reeditar el panfleto. Desde entonces engulló con ahínco cualquier tratado sobre astronomía zetética incluyendo, obviamente, las obras de Rowbotham (también compró los derechos de Zetetic Astronomy). Consideró estos libros como las armas perfectas para luchar contra la herejía científica.
    Pues bien, respecto al reto propuesto por Hampden, este fue aceptado por uno de los mejores científicos de todos los tiempos: Alfred Russell Wallace (1823-1913), el naturalista co-descubridor de la evolución por medio de la selección natural junto a Charles Darwin. Wallace pidió consejo a otro grande de la ciencia, Charles Lyell (1797-1875), padre de la geología moderna para proceder mejor. Finalmente, llegó a la conclusión de que la mejor forma de ganar la apuesta era mediante una demostración práctica y experimental, para así trascender las típicas discusiones epistemológicas de su época. De esta manera también podría convencer de una forma más sólida a Hampden si se equivocaba o no. Además, si ganaba la apuesta no solo le beneficiaría económicamente (en esa época tenía escasos recursos económicos) sino también intelectualmente. Así que, sin más dilación, escribió una carta a Hampden aceptando su propuesta.
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    John Hampden (a la izquierda) y el naturalista Alfred Russell Wallace (a la derecha) tuvieron varios encontronazos para ver quién llevaba la razón en relación con la forma de la Tierra. NephiCode
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    John Hampden logró finalmente que la prueba de Wallace se realizara en el mismo tramo de 6 millas del río Old Belford que su maestro Parallax había empleado anteriormente para sus pruebas. Esta información fue ocultada premeditadamente. Wikipedia
    Las riendas del desafío las manejó constantemente Hampden, quien decidió en todo momento donde quería que se llevase a cabo el experimento y en qué circunstancias. De hecho, Wallace en un principio eligió el lago Bala (Gales), que era lo suficientemente extenso y plano, para su demostración. Pero Hampden se negó rotundamente y eligió estratégicamente el mismo tramo de 9 Km delimitado por dos puentes (el Old Belford y el Welney) del río Old Belford que empleó Rowbotham anteriormente. El naturalista no sabía que Rowbotham ya había campado a sus anchas por allí. Para más inri, Hampden se lo ocultó para jugar con ventaja. Wallace humildemente le ofreció realizar la demostración de forma privada, para no dejarle en ridículo ante el público en caso de que demostrase la curvatura terrestre. De nuevo, Hampden se negó. Tenía una seguridad apabullante en que Wallace no tenía nada qué hacer para refutar el modelo de Tierra plana.
    Ambos ingresaron sus respectivas 500 libras en Coutts Bank y se citaron para el 1 de marzo de 1870. Es curioso que unos días antes Hampden de repente se retractase de su decisión de acudir presencialmente a la prueba, enviando a un sustituto de su confianza. No quería viajar tan lejos, ni siquiera para acudir a su propio desafío. Wallace le propuso reunirse con él en privado para observar el experimento y, en caso de que no estuviese convencido, acudir a los árbitros para la evaluación final (para así evitar también el escarnio público), pero Hampden se empeñaba en su rotundidad. Así que no quedó más remedio que elegir a los árbitros. Wallace sugirió a John Henry Walsh, editor de una revista deportiva y cirujano, ante lo que Hampden se mostró de acuerdo. El otro testigo, insistió Wallace, debía ser una persona imparcial y que no fuese conocida de ninguno de los desafiantes. Hampden aceptó… pero volvió a jugar sucio, porque envió a nada más y nada menos que a uno de sus colegas, William Carpenter.
    Wallace se encontró con Carpenter en la estación el 28 de febrero. Otra muestra de lo ladino que era Hampden era la escueta nota que llevaba Carpenter en su bolsillo, en la que Hampden le informaba de que iba a enviar a su impresor y acólito zetetista, un tal Alfred Bull, para acompañarle y para que tuviese a alguien más de su lado por si tenía que consultar o pergeñar cualquier cosa. Le advertía asimismo de que Wallace podía hacer trampas para ganar. Por el contrario, vemos que el único con una pizca de humildad era el naturalista. Finalmente, John Hampden hizo su aparición estelar en el último minuto tras haber sido convencido por sus colegas de que tenía que estar presente en el desafío que él había propuesto.
    El 1 de marzo se intentó llevar a cabo el experimento de Wallace. Su propuesta era muy sencilla: quería instalar seis postes de 1,82 metros de largo con unos círculos negros y rojos adheridos a los mismos en la orilla del río a lo largo de las 6 millas (9 Km) acordadas en el río Old Belford, uno en cada milla. Su hipótesis era muy simple y podía ser contrastada por cualquiera:
    “Si el agua es recta y plana, la parte superior de los postes será recta y plana también. Pero si la tierra y el agua tienen una curvatura de 4000 millas de radio (6437 Km), entonces la parte superior de los postes será igualmente convexa, y se verán elevándose cada vez más alto hasta el poste del medio, y desde ahí se irán hundiendo cada vez más hasta el más lejano. Con un buen telescopio la curvatura se verá fácilmente si existe.”
    Finalmente, colocaron un pesado telescopio sobre una barcaza situado a la altura de los postes y lo intentaron equilibrar como pudieron. Sin embargo, observaron que los postes no estaban alineados y no se podía apreciar el desnivel que había predicho Wallace. Tras una fuerte discusión, abortaron el experimento para otro día. Wallace compró un teodolito, un instrumento cartográfico para medir el nivel real de cualquier objeto visto a distancia con una precisión bastante ajustada. Los resultados se retrasaron varios días más por distintas circunstancias, como el mal tiempo o el abandono del árbitro John Henry Walsh, quien debía continuar sus labores como editor. A este último lo sustituyó el cirujano Martin Wales Bedell Coulcher.
    Por fin, el 5 de marzo fue el día que reunía las condiciones adecuadas para llevar a cabo el experimento. Hubo un ligero rediseño para adaptarse a las nuevas condiciones. Colocaron una lámina con una gruesa banda negra dibujada en su centro colgando del puente Old Belford. Instalaron el nuevo telescopio en el puente de Welney, situado en el extremo opuesto del segmento del río Old Belford, a la misma altura del agua que la banda negra. A una distancia intermedia entre los dos puentes (3 millas) se colocó un poste rojo rematado con un disco marcador a la altura adecuada para coincidir con las alturas de la banda negra y el telescopio. Los tres puntos estaban situados a poco más de 4 metros de altura por encima del agua. Todo dependía de la altura a la que apareciese el marcador central: si aparecía por debajo de la línea de visión, sería cierto que ese curso de agua y, por tanto, la Tierra, eran planos. Si aparecía por encima era por el efecto de la curvatura de la Tierra. Para más precisión, Wallace predijo a partir de su hipótesis que el disco central tenía que aparecer aproximadamente a 1,5 metros por encima de la línea de visión obviando la refracción atmosférica. Y así fue, el marcador central estaba a unos 1,5 metros por encima de la banda negra del puente Old Belford, confirmándose su hipótesis y demostrando que la Tierra tenía curvatura. Sin embargo, el árbitro terraplanista, William Carpenter, también miró a través del teodolito, negando la observación de Wallace, pues él afirmaba haber visto cómo tanto el marcador central como la banda negra del otro puente estaban por debajo del punto de mira del telescopio. En consecuencia, se negó a reconocer la veracidad del experimento. Coulcher, en cambio, como era de esperar en un hombre de ciencia, confirmó que el experimento estaba bien hecho y los resultados correctamente interpretados.
    https://periergeia.org/dossier-terraplanismo-parte-2-tierra-plana-vs-tierra-esferica-la-teoria-de-la-tierra-plana-a-examen/
    8 min
  • 14 La Tierra no es un Globo! - Astronomía Zetética - SAMUEL BIRLEY ROWBOTHAM
    https://www.tiempoar.com.ar/nota/quien-dijo-que-la-tierra-es-redonda-viaje-al-mundo-de-un-terraplanista
    La teoría terraplanista tiene un vasto recorrido. Su primer impulsor fue el escritor inglés Samuel Birley Rowbotham, autor de Astronomía zetética: La Tierra no es un globo, un volumen panfletario publicado a finales del siglo XIX, dedicado a gritar a los cuatro vientos las bondades de la Tierra plana. Para Rowbotham, nuestro planeta no es tal sino apenas una extensa planicie en el piso de una gran burbuja en un universo sólido, posiblemente de piedra. Una gran caverna iluminada por dos globos brillantes, el Sol y la Luna. El Polo Norte está ubicado en el centro del disco, con los continentes acomodados puntualmente como en el logo de las Naciones Unidas, coincidencia que, dicen, entusiasmó a muchos planistas y les hizo pensar que (¿otra conspiración secreta?) las grandes potencias están de acuerdo con sus principios. La Antártida no aparece en la nueva cartografía: después del mar perimetral lo que hay es una pared de hielo de 50 metros de alto.
    Tras la muerte de Rowbotham en 1884, Lady Elizabeth Anne Mould Blount, una acólita de su obra, fundó la Sociedad Zetética Universal, para mantener vivo el legado del maestro. Después de la Primera Guerra Mundial, el grupo, cuyas creencias se basaban en una lectura efusiva de la Biblia, se evaporó como el agua. Sin embargo, la idea de que la Tierra es un disco plano no se ha desvanecido en el final de los tiempos. Desde mediados del siglo XX, la Sociedad de la Tierra Plana, fundada por el británico Samuel Shenton, tomó la posta en la chata cruzada. Ni la esfericidad postulada por Aristóteles, constatada por Elcano en su circunnavegación de 1519, ni la sombra que se proyecta sobre la Luna durante los eclipses y mucho menos las imágenes registradas por astronautas desde el espacio, más de 2000 años de evidencias científicas siguen chocando con sus teorías.
    Landucci comulga con una rama jovencísima del movimiento, el neoterraplanismo: "Surge en 2014. Los anteriores eran una oposición controlada. Pude participar en cuatro conferencias. A la que se hizo en Carolina del Norte, el año pasado, fue mucha gente. ABC News y Fox sacaron informes ridiculizándonos, pero ni siquiera entraron a escuchar las ponencias. Es curioso lo que nos pasa a los terraplanistas. Parece que no podemos salir a decirlo abiertamente. Uno puede creer en fantasmas, en unicornios de colores… Pero si decís que la Tierra es plana te tiran con todo: '¡Estás loco! ¡Terminá el colegio!' Es algo que no se puede discutir, un dogma".
    35 min
  • 13 La Tierra no es un Globo! - Astronomía Zetética - SAMUEL BIRLEY ROWBOTHAM
    https://www.tiempoar.com.ar/nota/quien-dijo-que-la-tierra-es-redonda-viaje-al-mundo-de-un-terraplanista
    La NASA y el globo
    De chico, Landucci era fanático de las naves espaciales. En su cuarto adolescente atesoraba una miniatura del Apolo XI y un póster de la NASA: "Vi todas las películas, informes y documentales sobre el tema. A la distancia, me doy cuenta de que el fanatismo no me dejaba ver la ridiculez de esos viajes. Todo hecho en un estudio de televisión. Al ser humano se lo adoctrina con imágenes. Y en eso la NASA es experta". Otra vez, el terraplanista husmea en su computadora. La nutrida videoteca que comparte en sus plataformas digitales muestra clips neobarrocos, sobrecargados de información, forjados con imágenes de archivos donde se ven astronautas controlados con hilos como si fueran títeres, naves espaciales dignas de Sábados de Súper Acción y trabajadores retocando impecables paisajes lunares: "Ya lo dijeron los Red Hot Chili Peppers –pontifica Landucci–: 'El espacio puede ser la última frontera, pero está hecho en un sótano de Hollywood.’”
    Este año, algo cansados de explorar apenas la faceta bibliográfica del terraplanismo, su divulgador platense y un grupo de colegas decidieron encarar un estudio de campo. Un experimento único, aseguraban, sin precedentes en la historia argentina: lanzar un globo aerostático para constatar, con sus propios instrumentos, la planicie que reina sobre el orbe. Lo bautizaron proyecto ArFLAT. Hicieron una vaquita virtual, juntaron $ 60 mil, importaron un inflable desde EE UU, pidieron permiso a la Fuerza Aérea, se fueron hasta el aeropuerto pampeano de Victorica, equiparon al globo con cámaras especiales, agregaron un GPS y el 6 de octubre lo soltaron. "Parecíamos sacados de la película Twister", saca chapa Landucci. A 22 mil metros de altura, una antena suelta en el objeto volador identificado arruinó el experimento. Les pinchó el globo.
    Hace unas semanas, Landucci recibió un llamado desde La Pampa. Un gaucho había encontrado las cámaras. Pudo compartir algunas imágenes rescatadas por su canal de YouTube. Proclama que confirman su hipótesis. Antes de despedirse, posa con el globo terráqueo que tanto combate y dispara: "No sé cómo alguna vez pude creer que vivía en una pelota". «
    52 min
  • Una sociedad goyim
    Trata de un análisis, a partir de los últimos discursos del presidente Kennedy. Elucubro sobre la situación mundial en la que nos encontramos. Sobre la realidad del universo. De eso trata esta grabación.
    1 hr 8 min
  • 12 La Tierra no es un Globo! - Astronomía Zetética - SAMUEL BIRLEY ROWBOTHAM
    Por Nicolás G. Recoaro - @ngrecoaro
    9 de Diciembre de 2018
    "Los satélites no existen". El título del artículo posteado en Facebook primero llamó su atención. Se sabe: el algoritmo de la red de Zuckerberg es infalible para dar en el target. El muchacho dudó un instante, dos o tres segundos, hasta que decidió darle una oportunidad a la lectura. Tomó coraje y le dio click.
    "Era 2015. Estaba investigando en la compu, convaleciente, recuperándome de una operación de rodilla. Antes de ponerme a leer, pensé que era una estupidez. ¿Cómo que no existen los satélites? Por mi trabajo yo había usado un software para simulación de partículas para una publicidad del History Channel. Lo que me llamó la atención fue que el artículo estaba firmado por un ingeniero en telecomunicaciones, muy bien fundamentado, con muchos tecnicismos. Cuando lo terminé, se me había abierto la puerta de otro mundo: el terraplanismo", dice Lautaro Iru Fernando Landucci, sentado frente a dos monitores encendidos, en uno de los ambientes de su productora audiovisual enclavada en Calle 13, pleno centro de La Plata.......
    54 min
  • 11 La Tierra no es un Globo! - Astronomía Zetética - SAMUEL BIRLEY ROWBOTHAM
    Por lo tanto, según Rowbotham, la Tierra no se movía, sino que todas estas luminarias giraban a su alrededor. «E hizo Dios las dos grandes lumbreras, la lumbrera mayor para dominio del día y la lumbrera menor para dominio de la noche; hizo también las estrellas. Y Dios las puso en la expansión de los cielos para alumbrar sobre la tierra, y para dominar en el día y en la noche, y para separar la luz de las tinieblas» (Génesis 1, 16-18).
    Por cierto, renegaba de las posturas de los científicos de su tiempo que afirmaban que los planetas eran otros mundos en los que era posible que hubiese vida. Nada de eso se decía en las Escrituras, además, sería una contradicción evidente con la creación de Adán y Eva. ¿Es que acaso hubo otras creaciones? No. Los planetas eran simples luminarias y no hay más vida que en la Tierra, el único mundo material creado. Eso sí, por encima de todos estos astros, escondido de nuestra vista y de nuestros telescopios, estaba el Cielo.
    «Si hay una infinita pluralidad de mundos, millones y millones en una sucesión sin fin; si el universo está lleno de innumerables sistemas de soles ardientes y planetas rápidamente giratorios, mezclados con cometas y satélites giratorios, todo corriendo y barriendo por el espacio en direcciones y con velocidades que superan toda comprensión humana, y terrible incluso para contemplar, ¿dónde está el lugar de descanso y seguridad? ¿Dónde está el verdadero e Inmutable “Palacio de Dios”? ¿En qué dirección se encuentra el Cielo? ¿Dónde está el alma humana liberada para encontrar su hogar y su lugar de descanso, su refugio del cambio y el movimiento, de la incertidumbre y el peligro?» (Parallax 1881, 390).
    En definitiva, Rowbotham repudiaba por completo la astronomía moderna basada en la física newtoniana, que consideraba falsa, ilógica y perjudicial.
    http://elojocritico.info/la-teoria-de-la-tierra-plana-claves-para-comprender-la-conspiracion-de-moda/
    17 min
  • 10 La Tierra no es un Globo! - Astronomía Zetética - SAMUEL BIRLEY ROWBOTHAM
    ¿En qué consistía esto de la Astronomía Zetética?
    Aquello de Zetetic procedía del verbo griego zetetikos, que significa «buscar», y hacía referencia a su método de investigación: leer entre líneas las Sagradas Escrituras en busca de referencias a la auténtica cosmología, explicada por la divinidad a Moisés durante la redacción del Pentateuco, creía.
    Según la Astronomía Zetética, nuestro planeta tiene la forma de un disco plano. La clave, pensaba Rowbotham, estaba en estos versículos del Génesis: «Entonces dijo Dios: “Júntense en un lugar las aguas que están debajo de los cielos, y que aparezca lo seco”. Y fue así. Y llamó Dios a lo seco tierra, y al conjunto de las aguas llamó mares. Y vio Dios que era bueno» (1, 9-10). Partiendo de la firme convicción de que el agua de los ríos y mares, cuando estaba inmóvil, era plana, dedujo que la tierra firme, que se asentaba según el texto bíblico sobre las «aguas inferiores», también lo era. Es decir, pensaba que bajo los continentes también había agua, «el Gran Abismo», bajo el que se encontraba el Infierno, una inmensa cavidad gobernada por el fuego, de donde procedía la lava que expulsaban los volcanes. Eso sí, aunque lo tenía claro, no se atrevía a proponer una profundidad determinada, del mismo modo que no se mojó nunca en la altura del Cielo.
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    Por otro lado, afirmaba que en el centro del disco terrestre estaba lo que erróneamente llamamos Polo Norte, y que alrededor suyo estaban el resto de continentes, rodeados a su vez por los océanos. Y estos estaban limitados por un muro de hielo que cubría todo el exterior del disco terrestre. Por si fuera poco, aseguraba que el Sol, la Luna y las estrellas estaban a escasos cientos de millas sobre la superficie de la Tierra, más o menos a la distancia que va desde el centro, nuestro Polo Norte, hasta el Cabo de Buena Esperanza. Por lo tanto, todas estas luminarias celestes debían tener un tamaño mucho más pequeño del que se había pensado… La evidencia procedía, de nuevo, de la Escrituras: en este caso se hacía eco de la cronología de la Creación propuesta por Usher, que daba a la Tierra una antigüedad de unos 6.000 años. Esto impedía que fuesen ciertas las osadas afirmaciones de los científicos, que planteaban que las estrellas estaban a enormes distancias y que la luz que emitían tardaba miles de años en llegar hasta nosotros. Obviamente, como la creación no tiene más de seis mil años, la luz que vemos tiene que proceder de objetos mucho más cercanos.
    Además, negaba la rotación y la traslación de nuestro planeta, ya que, en su surrealista cosmología, era el Sol el que orbitaba en torno al centro del disco terrestre y siempre a una altura constante, es decir, en una órbita circular y concéntrica sobre la enorme planicie. ¿Pruebas? De nuevo la Biblia: «Y el sol se detuvo, y la luna se paró, hasta que la nación se vengó de sus enemigos. ¿No está esto escrito en el libro de Jaser? Y el sol se detuvo en medio del cielo y no se apresuró a ponerse como por un día entero» (Josué 10, 13). La Luna, por lo tanto, también giraba en torno a la Tierra, aunque con un grado de inclinación distinto, y no tenía mares, ni continentes, ni atmósfera, como habían planteado algunos osados astrónomos. Al contrario, según Rowbotham, era semitransparente y tenía luz propia, como las estrellas y los planetas que, según él, eran simples luminarias creadas por Dios para darnos luz, unas de día y otras de noche.
    45 min
  • 9 La Tierra no es un Globo! - Astronomía Zetética - SAMUEL BIRLEY ROWBOTHAM
    Rowbotham, convencido como estaba, decidió hacer que la comunidad utópica de Las Fens asumiese esta idea. No fue así y terminó siendo expulsado tras una agria disputa que casi acaba a tiros. Fue entonces cuando comenzó a dar conferencias de forma ambulante hablando sobre la Tierra Plana, y repetir sistemáticamente el experimento, en numerosas ocasiones con público. Además, encontró una confirmación a su teoría al conocer las experiencias que algunos marineros contaban sobre ciertos faros que se veían desde distancias mayores de lo que permitía la curvatura de la Tierra.
    Lo que no sabía es que existe algo llamado refracción atmosférica, un fenómeno, ya conocido en aquella época, que consiste en un cambio de dirección de los rayos de luz al atravesar la atmósfera. En determinadas circunstancias de temperatura (baja) y presión atmosférica (alta), la luz reflejada por los objetos se curva, lo que explica que se vean cosas que no deberían verse. No es nada extraordinario. Es lo mismo que pasa cuando un haz de luz atraviesa un vaso de agua. De hecho, se produce en cada ocaso, cuando el Sol se oculta por el horizonte: la refracción hace que se siga viendo aunque geométricamente esté fuera de nuestra línea de visión.
    Unos años más tarde, en 1849, Rowbotham publicó, usando el seudónimo Parallax, un folleto de 16 páginas que se tituló Zetetic Astronomy: A Description Of Several Experiments Which Prove That The Surface Of The Sea Is A Perfect Plane And That The Earth not a Globe («Astronomía Zetética: una descripción de los numerosos experimentos que demuestran que la superficie del mar es un plano perfecto y que la Tierra no es un globo»), en el que defendía a capa y espada una sorprendente y desconcertante cosmogonía a la que llamaba «Astronomía Zetética», evidenciada entre otras cosas por su experimento en el canal de Bedford.[9]
    Tuvo cierto éxito, especialmente por las zonas más rurales, donde las gentes estaban más predispuestas a aceptar propuestas tan atrevidas como estas ?recuerden que estamos en la Inglaterra de mediados del siglo XIX?. De todos modos, las crónicas locales se hicieron eco de alguna mala noche en la que tuvo que salir por la puerta de atrás cuando no pudo explicar por qué el casco de los barcos desaparece antes que las velas al alejarse en el mar… Eso sí, con el tiempo mejoró su retórica y su dominio de las falacias, y comenzó a salir airoso de las preguntas inquisidoras de los escépticos.[10] A mediados del siglo XIX el nombre de Parallax se había hecho bastante conocido. Cinco años, en 1854, Rowbotham inauguró en Londres la Zetetic Society, destinada a investigar y difundir sus propuestas.
    http://elojocritico.info/la-teoria-de-la-tierra-plana-claves-para-comprender-la-conspiracion-de-moda/
    1 hr 11 min
  • 8 La Tierra no es un Globo! - Astronomía Zetética - SAMUEL BIRLEY ROWBOTHAM
    http://elojocritico.info/la-teoria-de-la-tierra-plana-claves-para-comprender-la-conspiracion-de-moda/
    Más tarde llegó Galileo, que también lo tenía claro. Antes de que la inquisición le obligase a retractarse de su temeraria afirmación de que la Tierra no era el centro el Universo, la evidencia de la redondez había llegado gracias a los primeros valientes que consiguieron dar la vuelta al mundo.
    Rowbotham
    Desde entonces pocos negaron la realidad. Hasta que a mediados del siglo XIX apareció un tipo en Inglaterra, un tal Samuel Birley Rowbotham, que puso de moda su particular teoría de la Tierra plana ?tampoco mucho, no crean.
    Este señor, nacido en Manchester en 1816, mostró desde la juventud un gran interés por la Biblia y una profunda repulsión hacia los presuntuosos y descreídos científicos, que, paradójicamente, creían poder explicarlo todo. Por otro lado, abrazó las ideas socialistas de Robert Owen (1771-1858), uno de los pioneros del movimiento obrero en el Reino Unido, al que conoció cuando tenía diecinueve años, y decidió unirse a su movimiento utópico, ayudando a crear una comunidad socialista en Cambridshire, en la pantanosa región Las Fens (al este de Inglaterra). Por esta época comenzó a autoconvencerse de que todo lo que comentaban los científicos sobre la Tierra era mentira, sobre todo porque contradecía lo que planteaban las Escrituras, de las que, según pensaba, se podía deducir que la Tierra era realmente plana.
    No muy lejos de Cambridshire se encuentra el río Old Bedford, un canal artificial de drenaje, construido a comienzos del siglo XVII para liberar agua de las Fens y llevarla hasta el río Ouse, que tiene una peculiaridad: durante sus cerca de 38 kilómetros es prácticamente recto y plano, sin el más mínimo desnivel, de ahí que se le conozca como The Bedford Level («El nivel de Belford»). El lugar era perfecto para algo que Rowbotham decidió hacer en 1838: comprobar si la Tierra era plana.
    Aunque contó varias versiones de la historia, parece ser que realizó el primer experimento en una zona de seis millas del Old Belford (9,7 kilómetros) delimitada en cada uno de sus extremos por un puente ?el puente de Welney y el de Old Bedford?. En teoría, si la Tierra fuese curva, un barco en un extremo no sería visible para alguien situado en el otro extremo. La curvatura lo ocultaría. Y eso es lo que hizo: colocó un telescopio a 20 centímetros de altura sobre el agua y miró atentamente como un barco se alejaba por el canal. Lo curioso es que lo seguía viendo después de pasar esas seis millas. Por lo tanto, había conseguido demostrar que la Tierra era plana. «Jaque mate, científicos», debió pensar.
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About Revisionismo Histórico I (abre los ojos)

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Resulta que desde que nacemos en este planeta, según el lugar donde nazcas se te contara la historia oficial de tu pueblo de una manera o de otra, según la fuente de información y el punto de vista, basado en diferentes aspectos de los hechos y la realidad... pero.... según la fuente oficial para todo el planeta llegado desde occidente, es decir... la única historia que se acepta y se promueve oficialmente por todos sus ministerios gobiernos leyes y medios de comunicación, es la que han escrito los falsificadores de la historia de esta mal llamada "civilización moderna".