Lo que tienes en este mundo es inmerecido, eres amado por lo que eres.
Sentarte con Jesús y el Padre y tener una conversación profunda y real con ambos, eso es inmerecido, indispensable y absolutamente gratis, están para nosotros, pero lo que impide disfrutar algo que es gratis es porque se piensa que si no pagas algo, no sirve, pero Jesús te regala la salvación y tu sanidad.