«El Dios Eterno en Cristo Jesús me envía a predicarte la Palabra, el Evangelio, porque tú estás en un desierto espiritual, como estaba aquel pueblo en el desierto de Judea.
El desierto espiritual se manifiesta a través de la vida alejada de Dios, a través del pecado y de la desobediencia al Señor.
Juan el Bautista predicaba diciendo: “Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado”. (Mateo 3:2).
“Arrepentimiento”, significa: “cambio total de actitud”, significa querer cambiar plenamente en la vida, teniendo convicción de pecado, teniendo convicción de que uno está en naturaleza caída.
El motivo por el cual todos nosotros debemos buscar el arrepentimiento en nuestro interior, es porque el Reino de los cielos, el Reino de Dios, el Reino del Espíritu Santo se ha acercado a nuestras vidas, y el Señor quiere que tú también seas participe de él.
La Palabra, en el Evangelio de Mateo, capítulo 3, verso 5 en adelante, relata que salían a buscar a Juan el Bautista todos los que formaban parte de Jerusalem, toda Judea y toda la provincia de alrededor del río Jordán, y eran bautizados por él en el río Jordán, confesando sus pecados.
Y es lo que el Señor quiere que tú hagas, que te bautices en agua y confieses tus pecados; no necesitas gritarlos, simplemente en voz queda, en voz suave, puedes hablarle al Señor y pedirle perdón por todo aquello que ha sido tu vida. De esa manera, tú vas a poder ser instrumento precioso en las manos del Dios de Israel, en las manos del Dios Todopoderoso.
El Señor Jesucristo llegó de Galilea a donde Juan el Bautista, para ser bautizado por él.
Si el Señor Jesús se bautizó, nosotros, siendo parte de Él, debemos bautizarnos. Él vino en semejanza de carne de pecado, a causa del pecado, para condenar el pecado en la carne. Y Él nos dio el ejemplo de Justicia.
La palabra griega “baptízo” es la palabra de la cual se traduce “bautismo” en nuestro castellano, que significa: “sumergirse, zambullirse”. Y es lo que ocurrió con nuestro Señor Jesucristo, se zambulló, fue zambullido bajo el agua. Y la Escritura dice que a Jesús, cuando subió del agua, le fueron abiertos los cielos. Y esto acontecerá con tu vida, el Reino de los cielos será abierto a tus ojos espirituales, vas a poder ver en forma más clara el Reino de Dios.
El Espíritu de Dios descendió como paloma. En aquel tiempo, esto ocurrió en forma física, pero ahora, el Espíritu de Dios desciende como Fuego, como el Día de Pentecostés. El Espíritu Santo desciende en tu interior, y esa es la Presencia divina en tu ser, por cuanto la Escritura nos enseña que tú, como ser creado a la imagen y semejanza de Dios, tienes espíritu, alma y cuerpo, y todo tu ser recibe esa Presencia del Señor.
Y así como el Señor Jesús sintió, tú también vas a poder recibir, por revelación, esa complacencia del Dios Eterno, y vas a poder experimentarla en tu espíritu, en tu interior; saliendo del agua vas a sentirte como si te hubieran quitado un peso de encima. Y por supuesto, también será revelado, por su Espíritu Santo, el Amor en tu interior a través del bautismo en agua. Tú sentirás cuánto Amor siente el Padre por ti; y no solamente sentirás su Amor, sino también se revelará que eres hijo de Él».
Pr. Ricardo Claure Peñaloza
PARA QUE SU IGLESIA SE PREPARE… PARA TESTIMONIO A TODAS LAS NACIONES
Qué hermoso mensaje ha llegado a tus manos en este día.
Esta Palabra, no solamente te enseñará y te hará comprender la importancia del bautismo en aguas en tu vida, sino también te revelará lo maravilloso que es ser bautizado en el Nombre que es sobre todo nombre, el Nombre de Jesús de Nazareth.
No puedes perder esta enseñanza hermosa y llena del Espíritu de Dios.