El 11 de septiembre de 2001, mientras las torres del World Trade Center ardían en el cielo de Nueva York, un hombre de 62 años, de complexión robusta y acento inconfundiblemente británico, subía escaleras llenas de humo en la Torre Sur con un megáfono en la mano. No era bombero, ni policía, ni agente federal. Era Rick Rescorla, jefe de seguridad de la firma financiera Morgan Stanley, y en esos minutos finales de su vida llevaba a cabo lo que había planeado, ensayado y defendido durante años: evacuar a más de 2.700 empleados de su empresa del edificio condenado