Hay una voz dentro de cada adulto que no pertenece al presente. Una voz que aprendió a hablar antes de que existieran las palabras. Una voz que nació en la infancia, en esos primeros vínculos donde el cuerpo aprendió qué era el amor, qué era el peligro, qué era la espera, qué era la ausencia.
Esa voz sigue viva. A veces susurra. A veces grita. A veces se esconde en el cuerpo: en una tensión, en un miedo, en una reacción desproporcionada.
Hoy vamos a escucharla. Vamos a preguntarnos: ¿qué parte de mí todavía habla con la voz de aquel niño que fui? Y vamos a recorrer las cinco heridas que moldean esa voz: rechazo, abandono, humillación, traición e injusticia.
Cuando el cuerpo habla desde la raíz, no lo hace con palabras.
Lo hace con peso, con tensión, con un susurro que pide descanso.
Hoy escuchamos lo que la espalda baja guarda.
Lo que sostiene. Lo que ya no quiere cargar.