
Sign up to save your podcasts
Or


En este episodio de Historia de Pichilemu viajamos hasta Rodeillo, un rincón del mundo rural pichilemino donde la historia se escucha en el agua y se muele en piedra.
Recorremos los orígenes coloniales de Rodeillo, desde la estancia del siglo XVII, la fragmentación de la tierra, la vida campesina, el trabajo, la herencia y el lento empobrecimiento material y cultural que dejaron huellas profundas en el territorio. Una historia marcada por la tenencia de la tierra, las capellanías, el esfuerzo silencioso y la supervivencia cotidiana.
Nos detenemos especialmente en el molino de agua de Rodeillo, construido en 1952 por José Elizardo Muñoz, una obra levantada con ingenio, paciencia y vocación comunitaria, que hoy sigue viva gracias a su hijo Julián. Un patrimonio funcional que resistió terremotos y cambios productivos.
A partir de Rodeillo y su molino, reflexionamos sobre la importancia de destacar lo nuestro, de valorar la originalidad de lo pichilemino frente a modelos importados y miradas externas. También cuestionamos críticamente el Plan Regulador de 2004, aún vigente, preguntándonos si responde realmente a la historia, la identidad y las dinámicas patrimoniales de Pichilemu.
Un capítulo sobre memoria, territorio, agua, piedra y comunidad. Porque para pensar el futuro, primero hay que saber de dónde venimos.
By Diego GrezEn este episodio de Historia de Pichilemu viajamos hasta Rodeillo, un rincón del mundo rural pichilemino donde la historia se escucha en el agua y se muele en piedra.
Recorremos los orígenes coloniales de Rodeillo, desde la estancia del siglo XVII, la fragmentación de la tierra, la vida campesina, el trabajo, la herencia y el lento empobrecimiento material y cultural que dejaron huellas profundas en el territorio. Una historia marcada por la tenencia de la tierra, las capellanías, el esfuerzo silencioso y la supervivencia cotidiana.
Nos detenemos especialmente en el molino de agua de Rodeillo, construido en 1952 por José Elizardo Muñoz, una obra levantada con ingenio, paciencia y vocación comunitaria, que hoy sigue viva gracias a su hijo Julián. Un patrimonio funcional que resistió terremotos y cambios productivos.
A partir de Rodeillo y su molino, reflexionamos sobre la importancia de destacar lo nuestro, de valorar la originalidad de lo pichilemino frente a modelos importados y miradas externas. También cuestionamos críticamente el Plan Regulador de 2004, aún vigente, preguntándonos si responde realmente a la historia, la identidad y las dinámicas patrimoniales de Pichilemu.
Un capítulo sobre memoria, territorio, agua, piedra y comunidad. Porque para pensar el futuro, primero hay que saber de dónde venimos.