El sector primario español, y en concreto la huerta valenciana, enfrenta una crisis silenciosa pero persistente. En el programa 'La Linterna' de COPE, Ángel Expósito y la experta económica Pilar García de la Granja han analizado la situación del sector de la naranja con Roberto Serigó, productor en Pedralba (Valencia). La principal amenaza, según denuncian los productores, es la competencia desleal de países como Sudáfrica, cuyas importaciones de cítricos han crecido un 83%, y las de mandarinas, más de un 300%, una situación que, como la de otros agricultores, les ha llevado a una situación límite que en ocasiones les aboca a la ruina del campo.
A la pregunta de si es posible vivir de la naranja hoy en día, Serigó ofrece una respuesta directa y condicional. La campaña actual, a pesar de los problemas con las plagas, "está terminando bien", pero la viabilidad del negocio depende de factores muy concretos. "Rentable es si tienes variedades premium hoy en día y tienes una explotación mediana alta, pero es un trabajo muy sacrificado en el que estar todos los días encima de tu producto", ha afirmado el citricultor, señalando un camino que otros sectores como el del pistacho también exploran.
Estos productos premium pertenecen a clubs de variedades referentes como Tango, Nadorcott u Orri, que ya se encuentran "en todos los lineales europeos". Según Serigó, estas naranjas y mandarinas "traen muy pocos problemas de cara a los comerciantes", lo que se traduce en un mayor rendimiento y, por tanto, en más beneficio para el agricultor que ha apostado por ellas.
La principal queja del sector es la diferencia de condiciones con sus competidores. La importación masiva de cítricos desde Sudáfrica o Egipto supone un golpe directo. "Nos afecta bastante. El precio al que les cuesta a ellos el producto es muy inferior al nuestro", ha explicado Serigó. Los motivos son una mano de obra muy económica, la ausencia de trazabilidad en sus productos fitosanitarios y una regulación laxa, frente a la "burocracia muy, muy grande aquí, en Europa".
Esta desigualdad se ve agravada por acuerdos comerciales como el pacto de la Unión Europea con Sudáfrica o el reciente con Mercosur. "Nos va a afectar también, sobre todo, a las variedades primerencas", ha lamentado el productor. La exigencia es clara: "Lo que queremos es que nos traten de igual a igual. Europa nos debe de tratar a España de igual a igual, no puedes tratarnos a los españoles que nos marginen". Piden que se reduzca la burocracia y se les permita "trabajar en las mismas condiciones", un problema que afecta a otros cultivos como el garbanzo, cuya rentabilidad está en duda.
Serigó también ha mostrado su escepticismo hacia la clase política europea, de la que dice no saber "qué es lo que están haciendo" ni "qué objetivos tienen". Ha recordado el papel crucial del sector durante la crisis sanitaria: "Mira lo que pasó en pandemia, si no fuera, hubiera sido por nuestros agricultores, nos hubiéramos matado entre nosotros por la comida", ha sentenciado, subrayando la importancia estratégica de la seguridad alimentaria.
La temporada actual comenzó "bastante bien", pero pronto surgieron "problemas con el tema de plagas" debido a la falta de "productos fitosanitarios en los cuales podamos ampararnos", lo que obligó a "renegociar muchos tratos". A pesar de ello, la campaña está finalizando con un balance positivo. De cara a la próxima temporada, las lluvias del invierno han propiciado una "floración excelente", aunque Serigó se mantiene cauto: "El año es muy largo, vienen tormentas y fríos y muchas cosas que no podemos dominar los agricultores".