La Feria de Abril de Sevilla, más allá de su arrollador éxito en redes sociales que la sitúa por encima de eventos como Coachella, esconde una historia llena de curiosidades y orígenes inesperados. En el programa 'Herrera en COPE', el presentador Alberto Herrera y la historiadora y experta en Historia del Arte, Ana Velasco, han desgranado en la sección 'Curiosidades de la Historia' las raíces de sus tradiciones más icónicas.
El debate sobre la presencia de 'influencers' en la feria ha servido como punto de partida. Alberto Herrera ha defendido su asistencia, rompiendo una lanza a favor de quienes se interesan por la cultura sevillana: "veo en la gran mayoría de influencers interés en vestirse bien de la forma apropiada, hacer las cosas que se hacen en la feria, ser un sevillano más". Para el presentador, esta actitud merece "palabras de agradecimiento".
Contrario a lo que muchos piensan, la Feria de Abril no nació como una celebración lúdica. Ana Velasco ha explicado que sus inicios se remontan a 1846, cuando "un vasco y un catalán" decidieron impulsar una feria de ganado. Un año después, en 1847, la reina Isabel II otorgó el permiso oficial para su celebración, marcando el nacimiento de la fiesta tal y como se conoce hoy.
Uno de los secretos mejor guardados es la existencia de una 'Torre Eiffel' sevillana. Velasco ha revelado que la estructura conocida como 'La Pasarela', que estuvo en pie entre 1896 y 1921, era un puente peatonal iluminado inspirado en el icónico monumento parisino. Esta pasarela, que servía de entrada al recinto, es la precursora de la actual portada de la feria.
Una de las revelaciones más sorprendentes de la historiadora tiene que ver con el traje de flamenca. "El traje de flamenco es francés, efectivamente", ha afirmado Velasco. Su origen se encuentra en la Francia del siglo XVIII con la 'bata volante', un vestido enterizo más cómodo y flexible que la indumentaria tradicional española de la época.
Esta prenda, inicialmente de lujo, fue adoptada por las clases populares por su comodidad, especialmente por las campesinas y ganaderas que acudían a la feria. Cuando la celebración se volvió más festiva que comercial, hacia 1859, las clases altas comenzaron a imitar esta vestimenta, dando lugar al fenómeno del "majismo a la andaluza" y consolidando el traje de gitana como un emblema de la feria.
En cuanto al mantoncillo, Velasco ha aclarado que, si bien el mantón es una prenda universal, la "gran aportación de la cultura sevillana" son los flecos. Además, el famoso 'mantón de Manila', con sus característicos bordados de flores y pájaros, también es "típico de Sevilla, porque se hacía en la ciudad", ha señalado la experta.
Las casetas, corazón de la vida social en la feria, también tienen un origen humilde. "Al principio, la caseta era literalmente establo", ha explicado Velasco. Eran los lugares donde se guardaban los animales en la feria de ganado, a los que se añadió un toldo para protegerse del sol durante los tratos comerciales.
La transición hacia un espacio social la inició Antonio de Montpensier, cuñado de Isabel II, al instalar una caseta privada para su familia y amigos en lo que se conoció como la 'corte chica' de Sevilla. Curiosamente, antes de que se impusiera el estilo actual, la moda exótica de finales del siglo XIX llevó a la creación de 'casetas de estilo japonés'.
El diseño andaluz que hoy conocemos, con sus rayas blancas y verdes y su mobiliario característico, no se popularizó hasta principios del siglo XX. Fue una iniciativa de los hermanos Álvarez Quintero y el 'Ateneo de Sevilla', que buscaron basar el estilo en la tradición local.
Finalmente, el nombre del recinto, el 'Real de la Feria', no alude a un campamento. Su denominación se debe a que el terreno contaba con el 'permiso real' de la reina Isabel II desde 1847. Como ha recordado Velasco, desde la Edad Media, las ferias de esta magnitud requerían la autorización del monarca para poder celebrarse.