El historiador y escritor José Luis Corral ha arrojado luz en el programa 'Poniendo las Calles' de COPE, conducido por Carlos Moreno 'El Pulpo' sobre la figura histórica de Rafael Casanova y su verdadero papel en la Guerra de Sucesión. La intervención de Corral desmonta parte del mito nacionalista catalán, explicando los hechos que llevaron a la caída de Barcelona el 11 de septiembre de 1714 y el posterior nacimiento de la Diada.
Rafael Casanova, lejos de ser un líder militar, era un abogado nacido en Moyá en el seno de una familia acomodada de mercaderes. Tras estudiar derecho en Barcelona, se convirtió en un jurista destacado que ocupó cargos importantes, hasta alcanzar en 1713 la máxima magistratura de la ciudad, la de 'conseller en cap'.
El conflicto estalló tras la muerte sin descendencia de Carlos II 'el Hechizado' en 1700. Su testamento dejaba como heredero a Felipe de Borbón, nieto del rey Luis XIV de Francia, lo que no fue aceptado por los partidarios de la casa de Austria. Esto desencadenó una guerra de sucesión entre los austracistas, que apoyaban al archiduque Carlos de Austria, y los borbónicos.
Lo que comenzó como una guerra civil entre españoles, tal y como explica el historiador, se convirtió enseguida en un conflicto internacional. Potencias como el imperio austrohúngaro y, especialmente, Inglaterra, tenían intereses en juego. De hecho, durante la contienda, Inglaterra se quedó con Gibraltar y Menorca, y el conflicto se liquidó con el Tratado de Utrecht en 1713.
Pese a la firma del tratado, Barcelona continuó la resistencia contra las tropas borbónicas durante un año más. Al frente de esta defensa se situó Rafael Casanova, quien como 'conseller en cap' lideró la causa austracista en la ciudad. La capital catalana cayó finalmente el 11 de septiembre de 1714, fecha que, paradójicamente, se convertiría en el sorprendente origen de la Diada de Cataluña.
José Luis Corral subraya cómo la figura de Casanova ha sido mitificada por el nacionalismo catalán. Según el historiador, "los mitos suelen partir de hechos más o menos históricos, pero luego se tergiversan, se cambian, se alteran y se adaptan a los condicionantes políticos de cada momento". El nacionalismo, afirma, ha convertido a Casanova en un héroe catalanista "ocultando o falsificando algunas cosas".
La prueba, según Corral, reside en la proclama que el propio Casanova hizo el 11 de septiembre por la mañana, donde afirmaba que luchaba "por el rey, por el honor, por la patria y por la libertad de toda España". Su lucha, por tanto, no era por la secesión. "Él no está defendiendo las trincheras de Barcelona, la independencia de Cataluña, él lo que está defendiendo es que la monarquía hispánica siga en manos de los Austrias y no de los Borbones", sentencia el historiador.
Contrario a la imagen de mártir que a veces se proyecta, el final de Rafael Casanova fue "bastante, entre comillas, dulce". Tras la toma de Barcelona, se retiró a Sant Boi de Llobregat y, poco después, fue amnistiado por el nuevo rey, Felipe V. Recuperó su trabajo como abogado, que ejerció hasta su jubilación, y murió plácidamente en 1743, un hecho que contrasta con los discursos que se centran en la ofrenda floral a Rafael Casanova cada Diada.
Finalmente, Corral reflexiona sobre una particularidad española, que se extiende a Cataluña: la conmemoración de las derrotas por encima de las victorias. "Su día nacional no es el día de la victoria, es el día de la derrota de Barcelona", apunta. "Somos de los pocos países que celebramos y conmemoramos más las derrotas que las victorias. Nos recreamos en lo mal que hemos hecho las cosas y no ensalzamos algunas cosas que también hemos hecho bien", concluye.