En el corazón de la Subbética cordobesa, en la localidad de Luque, se erige una imponente fortaleza que ha comenzado a desvelar sus secretos. El Castillo de Luque es en realidad un vasto complejo de 36 hectáreas que incluye no solo la zona militar, sino toda una villa fortificada. Así lo explica Francisco León, director del museo municipal y técnico cultural, quien guía un recorrido por la historia de este baluarte defensivo cuya estructura ha evolucionado desde el siglo IX hasta nuestros días.
Tras acceder por la actual entrada, que no era la original, se llega a la Plaza de Armas. Con apenas 186 metros cuadrados, su reducido tamaño sorprende a los visitantes. En su interior se conservan dos aljibes, la imponente torre del homenaje, una torre almohade del siglo XII y un edificio del siglo XVII. Todo el diseño del castillo responde a una estudiada lógica defensiva, pensada para dificultar el avance del enemigo.
Uno de los detalles más significativos es el acceso en doble recodo, que obligaba a los atacantes a entrar por la izquierda. Francisco León aclara el motivo: "El guerrero, normalmente, lleva el arma ofensiva en la mano derecha, la espada, y la defensiva en la izquierda. Queremos que entre a pecho descubierto para tirarle piedras, para tirarle agua hirviendo, para tirarle lo que haga falta". Cada elemento, como los bolaños de catapulta de forma esférica, estaba pensado para maximizar la defensa.
Los aljibes del castillo son otra muestra de ingenio. Sus paredes están recubiertas de almagra, un pigmento de óxido de hierro que cumplía una doble función. "Este óxido de hierro sirve, entre otras cosas, primero, para que el agua no se salga del aljibe, [...] y lo segundo, para que el agua tarde más tiempo en pudrirse", señala León. Esta técnica era crucial para resistir los asedios, que solían producirse en verano, cuando el agua era el recurso más preciado.
Contrario a lo que podría parecer, el castillo no estaba en ruinas antes de su intervención. "El 70% de lo que estamos viendo es original", afirma León. La restauración se ha guiado por el principio de discernibilidad, que busca diferenciar claramente las partes originales de las nuevas sin crear un impacto visual discordante a distancia. El objetivo es que el visitante pueda apreciar la historia del edificio de cerca.
Para lograrlo, se han empleado diversas técnicas, como el uso de materiales diferentes en bóvedas, ladrillos de distinto color o la inserción de unas discretas planchas de plomo en los muros de mampostería. "Cuando veas el castillo desde lejos, no tienes por qué distinguir lo viejo de lo nuevo, lo tienes que distinguir desde cerca", insiste el director del museo. Estas marcas permiten a los expertos y curiosos leer la historia constructiva del monumento.
Ascender a los caminos de ronda ofrece unas vistas panorámicas espectaculares. Desde allí se divisan Baena, los búnkeres de la Guerra Civil del Alamillo, la Laguna del Salobral y una red de torres vigía andalusíes. "Están todas las torres comunicadas, y desde aquí estoy viendo lo menos 5 en este preciso momento", comenta León, evocando una imagen similar "a El Señor de los Anillos" para describir este antiguo sistema de comunicación fronterizo.
En el paisaje también destaca la ermita de San Jorge, cuya existencia está ligada a un hecho histórico clave: la batalla de Lucena en 1483, en la que fue capturado el rey Boabdil. Los combatientes de Luque participaron en la contienda y regresaron victoriosos el día de San Jorge, motivo por el cual se levantó la ermita en honor al santo.
El patrimonio de Luque va más allá de su castillo. La localidad alberga el único dolmen del sur de la provincia, la Cueva de las Encantadas con pinturas rupestres, y varias iglesias de gran valor, como la de la Asunción. Este templo, de estilo fernandino, tiene la particularidad de ser el primero de la provincia, después de la Mezquita-Catedral, en incorporar la columna salomónica en su retablo.
La oferta se completa con el turismo de naturaleza, con rutas de senderismo como la de las Buitreras, y una rica gastronomía con influencias judías y andalusíes. El castillo, abierto de miércoles a domingo, puede visitarse por libre con el apoyo de paneles y audioguías, convirtiéndose en el perfecto estandarte de un pueblo que es, en sí mismo, una tierra de fronteras.