Comenzar la jornada al volante se ha convertido para muchos españoles en una prueba de paciencia y pericia. Lo que antes era una ruta tranquila ahora es una yincana improvisada para esquivar socavones, una situación que se ha vuelto habitual en los 165.000 kilómetros de carretera de España. Tal y como han contado los oyentes en el programa de 'La Linterna' con Ángel Expósito, el mal estado del firme, con baches, grietas y firmes con efecto piel de cocodrilo, ya no es una anécdota, sino un peligroso problema estructural que afecta a la seguridad de todos los conductores, como se ha analizado en el programa de COPE.
“Hemos visto el estado de la de la carretera A-6, que realmente es penoso y que yo personalmente nunca había visto en ese estado”, lamenta Sergio, un conductor afectado. Su testimonio refleja una pregunta generalizada: con la cantidad de impuestos que se pagan, “¿por qué no se meten en arreglar estas infraestructuras básicas, que deben estar en perfecto estado y no ser un peligro para todos?”. Esta situación se agrava en las carreteras secundarias, que son las que más preocupan, porque presentan más tramos peligrosos.
Silvia Uvago, responsable de movilidad y seguridad vial de la fundación RAZE, reclama “incrementar los esfuerzos en las vías secundarias”. Los datos de la DGT tras la Semana Santa son alarmantes: de los 30 fallecidos en accidentes, “nueve de cada diez han sido en carreteras secundarias”. Esta realidad obliga incluso a reducir la velocidad en autovías relativamente modernas para garantizar la seguridad, como confirma Carlos Jiménez, delegado de la asociación Trafpol.
Para quienes viven en la carretera, como los transportistas, la situación es aún más crítica. Óscar Baños, un transportista autónomo con 30 años de experiencia, ha asegurado en 'La Linterna' que, a pesar de la modernización de las infraestructuras, “el firme está mucho peor”. En su opinión, los temporales recientes han agravado un problema de mantenimiento que ya existía, dejando las carreteras en un estado fatal.
Conducir en estas condiciones, explica Baños, “no tiene nada que ver con hacerlo por una carretera de buen firme, a ir dando saltos, te cansas más”. Aunque los camiones modernos cuentan con suspensiones neumáticas, el desgaste es evidente. Los profesionales no pueden esquivar los baches como un turismo, lo que incrementa el cansancio y el riesgo, además de los costes por averías y el aumento del consumo de combustible, un sobrecoste que un conductor que paga 1.400 euros en impuestos al año no debería asumir.
El transportista subraya la ironía de la situación con una afirmación contundente: “Afortunadamente llevamos los vehículos que llevamos hoy en día. Si llevásemos vehículos de suspensión de ballesta como yo empecé, tendríamos los talleres colapsados, no saldríamos del taller”. La situación, añade, es generalizada en toda España, sin importar si la competencia es estatal o autonómica.
El problema de fondo es económico. Según la Asociación Española de la Carretera (AEC), más de la mitad de las vías presentan deterioros graves. Su director general, Jacobo Díaz, explica que la falta de inversión ha provocado que problemas como grietas evolucionen hacia “daños más severos como baches y piel de cocodrilo, que ya implican problemas estructurales del firme”. Las comunidades más afectadas son Aragón, Castilla-La Mancha y Galicia.
Este deterioro es consecuencia de un déficit de inversión acumulado que, según la AEC, supera los 13.000 millones de euros solo para reparar los tramos más dañados. Díaz apunta a “años de infrafinanciación, el encarecimiento de materiales y la ausencia de unos presupuestos generales del estado actualizados” como las causas principales de este agujero en el mantenimiento.
Óscar Baños también critica la calidad de las reparaciones que se están llevando a cabo, calificándolas de parches de emergencia. “Arreglan lo que está peor, pero lo que dejan está parecido. Dentro de mes y medio, volverás a tener otro bache”, lamenta. La única solución, concluye, es “renovar el firme en condiciones” y no limitarse a reparaciones puntuales que resultan insuficientes a corto plazo.