La estimulación temprana es clave para el desarrollo infantil, especialmente en lo que respecta al vínculo y al lenguaje. La logopeda María Teresa López Martos, directora del centro Sinapsis en Jaén, ha explicado en el programa ‘En Buenas Manos’ de la Cadena COPE la importancia de los sonidos en las primeras etapas de la vida, desde la gestación hasta los primeros meses tras el nacimiento.
Uno de los hitos más importantes en el desarrollo de un bebé es aprender a identificar de dónde viene un sonido. Según López Martos, este aprendizaje es fundamental porque constituye la base de la atención y de la supervivencia. El bebé lo consigue al detectar la diferencia de tiempo y volumen del sonido que llega a cada oído. "Si no localiza esa fuente sonora, no sabe a quién mirar para imitar los movimientos de la boca para poder aprender ese lenguaje", ha señalado la experta.
La escucha del feto en el vientre materno no es como la de un adulto, sino una experiencia inmersiva y vibratoria. La voz de la madre le llega principalmente por vibración a través de la columna y la pelvis, que actúan como un gran altavoz. Esta vibración alcanza el líquido amniótico y el bebé la siente primero con la piel. "Al nacer, el bebé reconoce esa frecuencia de la voz materna y es un lugar conocido, es como si dijéramos su patria", ha comentado la logopeda.
Esta continuidad sonora, formada por el latido del corazón y la voz de la madre, es lo que permite al recién nacido encontrar un refugio emocional inmediato tras el parto. La primera huella que se graba en su cerebro es la frecuencia de la voz materna, lo que moldea su forma de procesar el sonido y las emociones.
En el contexto actual, López Martos ha alertado sobre el riesgo de las pantallas, considerándolo "el gran problema a día de hoy en todo lo que son consultas de retraso, desarrollo del lenguaje". El sonido que emiten los dispositivos es omnipresente pero no localizable, sale de un altavoz y no hay una boca a la que mirar para imitar. Esto debilita la atención conjunta y la imitación, afectando el desarrollo neuronal y retrasando la aparición del lenguaje.
A pesar de la impronta de la lengua materna, el cerebro del bebé es políglota al nacer, lo que significa que está abierto a procesar todo tipo de frecuencias. Sin embargo, sobre los 10 meses se produce una poda neuronal y el cerebro se especializa. En los niños bilingües, esta poda "no se retrasa, sino que se optimiza, se mantiene abierto a muchos más filtros y rangos de frecuencia", ha detallado la especialista.
El padre también desempeña un papel fundamental. Su voz, más grave, aporta un contraste auditivo que suma al rango frecuencial total. "Las frecuencias de la voz de la madre, que son más agudas, llegan por la resonancia de la columna vertebral y la pelvis", mientras que la del padre llega por vía aérea, completando el mapa sonoro del bebé.
La razón por la que el cerebro protege con tanta fuerza la lengua materna es su profunda conexión con las emociones y la supervivencia. Según ha explicado la logopeda, "la lengua materna está conectada profundamente con el sistema límbico y emocional, con la parte de supervivencia, con el miedo". Estas funciones, al ser más antiguas, son también más resistentes, como ocurre en personas con Alzheimer que recuerdan canciones o voces especiales de su pasado.
Finalmente, la experta ha recomendado acudir a un logopeda si se detecta que un niño de entre cinco y siete meses no gira la cabeza para localizar la fuente de un sonido, ya que es un hito de supervivencia que requiere una valoración profesional.