La misión Artemis II se encuentra en uno de sus momentos clave al aproximarse a la Luna y superar el récord de distancia de la Tierra establecido por el Apolo 13 en 1970. La nave Orión, con sus cuatro tripulantes, alcanzará los 406.700 kilómetros y se situará a entre 3.000 y 6.000 kilómetros de la superficie lunar. Esta maniobra permitirá a los astronautas sobrevolar el lado oculto del satélite y observarlo con el tamaño de un balón de baloncesto, un hito visual sin precedentes.
El astrofísico e investigador del Instituto de Astrofísica de Canarias, Héctor Socas, ha calificado la misión de "aburrida" en el mejor de los sentidos. Durante una intervención en el programa 'Herrera en COPE', explicó que la ausencia de incidentes es la mejor señal de éxito. "Está yendo todo miel sobre hojuelas", afirmó, mencionando que el único contratiempo fue un retraso de menos de un minuto en el despegue por "un problema con el inodoro".
Este viaje es una prueba fundamental para toda la tecnología del programa. "Se están probando todas las tecnologías [...] con objetivo de que ya la Artemisa 4 sea la misión en la que se pose en la luna", señaló Socas. El buen funcionamiento de la nave Orion, el cohete SLS y el módulo de servicios europeo es crucial para volver a ver "un ser humano caminando sobre la superficie de la luna".
Uno de los momentos más esperados ha sido la primera visión de la cara oculta de la Luna. La astronauta Christina Koch compartió su asombro en una entrevista: "Anoche vimos por primera vez la cara oculta de la luna y fue espectacular". Koch añadió que la sensación es extraña: "Al mirarla, se ve distinta, las zonas oscuras no están donde uno espera, y hay algo que te hace sentir que no es la luna de siempre".
Aunque las misiones Apolo ya pasaron por el lado oculto, lo hicieron mucho más cerca de la superficie. Héctor Socas aclara que la tripulación de Artemis II tendrá "una panorámica más global", algo que "será la primera vez que un ser humano lo vea desde esa perspectiva". Las dos caras de la Luna son geológicamente diferentes, con más cráteres en la cara oculta, un misterio que la ciencia aún no ha resuelto del todo y que podría deberse a las fuerzas de marea de la Tierra o a una mayor exposición a impactos de meteoritos.
A diferencia del programa Apolo, el objetivo de Artemis no es solo "ir a la Luna, tocar y volver", sino "establecer ahí una presencia permanente". Según Socas, esta base lunar, que podría instalarse en el polo sur para aprovechar el agua helada, serviría como "plataforma para ir más allá, para ir a Marte".
Esta ambición ha desatado una nueva carrera espacial. Aunque los tratados internacionales prohíben reclamar soberanía sobre la Luna, las potencias compiten por los mejores enclaves. Socas lo compara con "ir a la playa muy temprano por la mañana para coger el mejor sitio y poner la toalla". La playa no te pertenece, "pero una vez que tú plantas ahí la toalla y la sombrilla, pues ya ese es tu sitio".
El regreso a la Tierra, la fase más delicada de la misión, pondrá a prueba el escudo térmico y los paracaídas de la nave. La reentrada en la atmósfera debe realizarse en un ángulo preciso para evitar que la cápsula rebote hacia el espacio o se desintegre. Pese a que la trayectoria es de "retorno libre", lo que garantiza que la gravedad la traiga de vuelta, el éxito de la maniobra final depende de que toda la tecnología funcione a la perfección.