Hace 3.000 años, alguien fue enterrado en la actual provincia de Alicante con un ajuar funerario de un valor incalculable. No fue hasta 1963 que se descubrió el conocido como Tesoro de Villena, compuesto por decenas de piezas de oro, plata y ámbar. Sin embargo, dos de sus objetos más discretos, un brazalete y una esfera hueca de hierro, guardaban un secreto que acaba de ser desvelado: fueron forjados con metal llegado del espacio. Así lo ha explicado el escritor e investigador Javier Sierra en el programa 'Herrera en COPE', arrojando luz sobre un misterio que une la arqueología peninsular con los confines del cosmos.
El descubrimiento del tesoro tuvo lugar en octubre de 1963 en Villena (Alicante), durante la fiebre constructiva de la época. Mientras se extraía grava para las obras, el albañil Francisco García Arnedo encontró una extraña pieza metálica. Pensando que era parte de la maquinaria, fue entregada al capataz, pero otro obrero, Francisco Contreras Utrera, se la llevó a casa. Fue su esposa, Esperanza Fernández García, quien, intuyendo su valor, la mostró al joyero Carlos Miguel Esquembre Alonso, quien confirmó que era un brazalete de oro y alertó al arqueólogo José María Soler García.
Poco después, la aparición de un segundo brazalete idéntico, llevado al joyero por el transportista Juan Calatayud Díaz y su esposa, hizo saltar todas las alarmas. Soler, convencido de estar ante un hallazgo arqueológico de gran relevancia, impulsó una investigación oficial que culminó con el hallazgo de un tesoro de 10 kilos de oro y más de 60 piezas. Entre ellas se encontraban los dos enigmáticos objetos de hierro, ahora protagonistas de la historia.
Estos objetos son especialmente relevantes porque son previos a la Edad del Hierro en la península. Según ha relatado Sierra, "faltarán, pues, 200, 300 años para que, por influencia celta y de visitantes extranjeros, empecemos a trabajar el hierro".
El análisis metalográfico de las piezas, publicado por el investigador Salvador Rovira Llorens, ha revelado que tienen un nivel de níquel superior al 5%, un indicador clave de su procedencia extraterrestre. Este hecho los sitúa junto a otros artefactos históricos de gran valor fabricados con hierro meteorítico.
Uno de los ejemplos más famosos es la daga de hierro inoxidable encontrada en la tumba del faraón Tutankamón, que vivió unos 200 años antes de la creación del tesoro alicantino y cuya arma tiene un 11% de níquel. Javier Sierra destaca que este material era considerado mágico en el Antiguo Egipto. Además del arma, el faraón poseía un pectoral con un escarabajo hecho de un betilo, un fragmento de cometa que impactó en el desierto. Esto refuerza la idea de que los antiguos ya eran conscientes del origen cósmico de estos materiales.
En la conversación con Alberto Herrera, Sierra mencionó que "los antiguos egipcios creían que el hierro era el material del que estaban hechos los huesos de los dioses. No había hierro en Egipto, que cayera del cielo y que alguien pudiera poseerlo y darle forma era un signo mágico de distinción". Otro ejemplo fascinante es la estatuilla conocida como el 'Hombre de Hierro', encontrada por los nazis en el Tíbet en 1938 y que resultó estar hecha de un meteorito.
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