Daniel, controlador aéreo de profesión, ha compartido en el programa Poniendo las Calles de COPE, con Carlos Moreno 'El Pulpo', los detalles de un trabajo tan desconocido como fundamental. Su día a día está marcado por turnos rotativos de mañana, tarde y noche, una exigencia que define la vida de quienes se dedican a velar por la seguridad en el espacio aéreo. "Unos días trabajas de 7 a 3, otros de 3 a 10 y media, y otros, pues, de 10 y media de la noche a 7 y media de la mañana", explica.
A pesar de la imagen que se pueda tener, Daniel asegura que están "acostumbrados y entrenados para trabajar con esa presión". La responsabilidad es inmensa, pero no es algo que tengan "presente cada vez que nos sentamos en la pantalla del radar". La concentración es máxima, pero el trabajo en equipo es una de las claves de su éxito.
Mucha gente asocia la figura del controlador aéreo a la icónica torre de control de un aeropuerto. Sin embargo, Daniel aclara que la mayoría de los profesionales, como él, trabajan en un centro de control, frente a una pantalla de radar. En estos centros, nunca están solos: "Siempre hay dos, está el que está hablando con los aviones y a su lado está el controlador ayudante, que está vigilando que se estén tomando las decisiones correctas".
La comunicación es constante y vital, no solo con el compañero, sino con los responsables de los sectores adyacentes. "Los controladores estamos en contacto con todos los que nos rodean, ya sea nacional o internacionalmente", detalla Daniel. Desde Madrid, coordinan con centros como los de Barcelona, Brest, Burdeos o Lisboa, asegurando que "el avión desde el mismo momento en que pone en marcha los motores, está bajo la supervisión de un controlador hasta su destino".
A la pregunta de si son los controladores quienes realmente gobiernan el avión, Daniel es tajante: "No, no, no. El que gobierna el avión es el piloto. Es el último responsable de la seguridad del avión". Estos profesionales se enfrentan a situaciones complejas, como pueden ser las amenazas a bordo, donde su criterio es decisivo.
La labor del controlador es asistir a los pilotos, ya que a la velocidad a la que vuelan las aeronaves modernas, "son incapaces de separarse" entre ellas sin ayuda externa. La función del control aéreo es, por tanto, "ordenar ese flujo de aviones constante" y asistir a los pilotos, que deben gestionar todos los parámetros desde una cabina llena de luces y colores.
El ritmo del tráfico aéreo cambia drásticamente entre el día y la noche. Durante la madrugada, el flujo disminuye y predominan los aviones de carga. Sin embargo, la calma es breve: "A partir de las 4 de la mañana en Madrid, concretamente, empiezan a llegar aviones del otro lado del Atlántico", reviviendo hazañas como las de los primeros aviadores que cruzaron el océano.
Según Daniel, el aeropuerto de Barajas tiene varios picos de actividad muy marcados. "La hora punta de aviones en Barajas es a primera hora, entre las nueve y media hasta las 11 de la mañana, ahí hay otro pico bastante importante. Y luego, entre la una y las tres hay otro pico también", afirma. Esto no significa que el cielo se vacíe el resto del tiempo, ya que "el flujo es constante".
El propio Daniel trabaja en el centro de control de Madrid, que gestiona gran parte de la península y un amplio sector del Atlántico. Su especialidad es la aproximación a Barajas, donde se encarga de ordenar los aviones que llegan de las rutas para alinearlos con las pistas, pasándolos finalmente a la torre para que autoricen su aterrizaje o despegue en una sincronía perfecta.