El Comentario del Día

Sábado VI Pascua - 16.05


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SÁBADO VI DE PASCUA

san Juan 16, 23b-28

Quitar los tachones


Hemos hablado de tristezas y de la alegría … ¿Cuál es la fuente de la alegría?: “El Padre mismo os quiere, porque vosotros me queréis y creéis que yo salí de Dios”. Esa es la fuente de la alegría. Dios nos quiere, podríamos decirlo así, a pesar de nosotros. Hay personas que se pasan la vida intentando ganarse el amor de Dios, haciendo cosas buenas (muchas veces extravagantes), para ganarse el cariño de Dios. Sin embargo,Dios no es un señor enfadado al que tenemos que contentar. Cuando ponemos la iniciativa en nosotros empezamos a llenar el cristianismo de tachones. Acabamos pensando que “Dios es bueno”, y con no ser demasiado malos es bastante.

No es que Dios sea bueno, es que Dios nos ama, y eso es mucho más exigente. Pasa algo así con la castidad. Cuando nos rodean de noticias y debates en torno al sexo, sobre violaciones, bestialismo, tríos y cuartetos, etc. ¿Quién es el guapo que se pone a predicar sobre que la masturbación es pecado? Con que uno no sea el “violador de Pirámides” (que fue famoso en Madrid), se queda satisfecho, y eso no puede enfadar a Dios.

El hombre no está llamado a no ser un degenerado, sino a darse cuenta que pertenece completamente a Dios, con su cuerpo, sus pensamientos, sus acciones, sus afectos y, el vivir la castidad, nos ayuda a aprender a amar y valorar el amor como don de Dios y donación a los demás. Si empezamos a poner tachones en lo que consideramos “sin importancia” acabaremos siendo incapaces de entender el resto del seguimiento de Cristo, nos quedaremos en ser buenos y no enfadar demasiado a Dios. Lo que pasa con la castidad ocurre también con la sinceridad, la justicia, la caridad, la laboriosidad …

¡Quitemos los tachones! No se trata de demostrar a Dios que le queremos, se trata de darnos cuenta de que Él nos quiere, seamos como seamos, y como “amor con amor se paga,” cambiaremos de vida sin esfuerzos innecesarios y poco fructíferos.

“Priscila y Aquila, lo tomaron por su cuenta (a Apolo, que era un hombre bueno), y le explicaron con más detalle el camino del Señor”. No seamos necios, no estamos para hablar “de otros”; hemos de hacer como Aquila y Priscila y hablar al marido, a la esposa, al hijo, al vecino, al compañero de trabajo, a la amiga pertinente, sobre el “camino del Señor”. No esperemos que lo haga D. Facundo. Si nos damos cuenta lo que Dios ama a cada hombre querremos que cada uno se de cuenta de ese amor de Dios.

El mes de mayo es el mes de María. Nos acercamos a Pentecostés, día en que le Amor de Dios, el Espíritu Santo, se derramó sobre la Iglesia. Y le pedimos a la Virgen, la esposa del Espíritu Santo, que nos ayude a entender lo que Dios nos quiere. Luego, tomaremos las decisiones pertinentes.

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