Los verdaderos amigos te acercan a Dios, te impulsan a hacer más para Dios, te incomodan y te "afilan" para que no retrocedan. Te dicen las cosas malas y buenas porque quieren que crezcas en madurez. Una verdadera amistad también frena tu locura, te hace meditar en tus acciones, no te dice Sí a todo o No a todo.