Salmo 37 A
Señor, no me reprendas con ira,
no me corrijas con furor.
Tus flechas se me han clavado
y tu mano pesa sobre mí.
No hay parte ilesa en mi cuerpo,
a causa de tu enojo,
no me queda un hueso sano,
a causa de mi pecado.
Mis culpas sobrepasan mi cabeza;
como fardo pesado gravitan sobre mí.
Hieden mis llagas podridas,
a causa de mi insensatez.
Estoy encorvado, profundamente abatido,
todo el día camino sombrío.
¡Tengo las espaldas ardiendo,
no hay parte ilesa en mi cuerpo!
Agotado, totalmente aplanado,
rujo y bramo en mi interior.
Señor mío, mis lamentos están ante ti,
no se te ocultan mis gemidos.