Leemos las cartas de San Juan de Ávila nº 135 y 136. La nº 135 está dirigida a una señora en la cual le va a enseñar que la cruz no la escoge el hombre sino que tiene que llevar la que Dios quiere, sin huir de ella, y acoger la voluntad de Dios.
En la carta 136 enseña a un sacerdote que los que se dedican al servicio de los demás, primero han de mirar por sí y armarse con oración y longanimidad, aunque no vean el provecho.