Y si el cerebro y las emociones no fueran suficientes, súmale el entorno. Vivimos en una sociedad que nos vende la idea de que ciertas adicciones son ‘normales’. El alcohol está en todas partes: en celebraciones, en reuniones, en la cultura del ‘una copa no hace daño’. Y así, vamos minimizando ciertos hábitos hasta que se convierten en un problema real.