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En la soledad del laboratorio Griffin ha conseguido la fórmula para alcanzar el estado de invisibilidad, mas el destino turbio envilece cualquier capacidad de logro, haciendo que su cuerpo no sea percibido de forma sistemática. El paroxismo y el afán por conquistar el mundo conducen al científico por la vía del terrorismo y el asesinato, naciendo una ola de horror imparable que sólo la ley puede contrarrestar. Explosiones, accidentes y crímenes execrables se extienden sin sentido a causa del hombre invisible, que se interpone con astucia y furia ante una sociedad perpleja y acobardada. El final anda cerca. Las huellas en la nieve delatan al herido acorralado.
Removiendo las tumbas, Henry Frankenstein recoge el fruto de lo prohibido, obteniendo miembros de cadáveres que sólo Dios contempla en la soledad del infinito. La noche se va acercando y el laboratorio se halla en condiciones para recibir la electricidad procedente del rayo fatal que, en esta ocasión, dará vida a la criatura monstruosa. El científico loco consigue de esta forma que la venganza se cobre su tributo a través de los suyos, víctimas de un justiciero ser elaborado a través de fallos orgánicos. La pesadilla se inflama y la muerte espera ansiosa al doctor, prisionero de su obra.
Renfield se enfrenta a un destino inalcanzable, oculto en la fortaleza de Drácula. Las barreras del tiempo y del espacio se detienen en la tierra más allá del bosque, donde el aullido del lobo presagia un incierto destino para los hombres. A bordo del Vesta, el príncipe de los no muertos alcanza Whitby para alimentarse de una especie inferior, muy alejada de su castillo de origen, donde la vida cobra un sentido espectral, muy lejos del gran orbe londinense, más confortable a pesar de albergar otros miedos y deformidades. Será ahora el reino del señor de las tinieblas.
Edimburgo, 1831. Son tiempos oscuros para la medicina. El Dr. MacFarlane crea avances sorprendentes mediante habilidades quirúrgicas, pero las tenebrosas maquinaciones del ser humano alcanzan la fosa, que se remueve en el crepúsculo para proporcionar cadáveres de forma ilegal, así la anatomía prospera, precediendo un macabro final tan escalofriante como ineludible.
Larry Talbot ha sufrido accidentalmente el estigma del lobo. La mordedura ha penetrado en su carne haciendo estragos en el ADN y la sombra ha ido extendiéndose empobreciendo el espíritu, materializándose la pesadilla y el ansia por la carne. El reflejo del animal crece dentro de sí, anunciando la maldición ancestral cargada de malevolencia y horror pútrido. Sólo la muerte podrá liberar a Talbot del sufrimiento de aquellos que caminan por la senda del licántropo.
La clara identificación del hombre con la bestia yace en el interior del Dr. Jekyll, eminente científico que ya no se conforma con la medicina tradicional. El alma humana parece estar escindida en dos mitades y seguramente la más atávica y primitiva debe prevalecer. Para alcanzar semejante conocimiento, Jekyll recurre a la química, que expresa orgánicamente la turbia pero real manifestación de lo salvaje a través de la célula. No hay catarsis, tan sólo un soplo repulsivo de auténtica ferocidad animal en el otro yo, representado por Hyde.
Una joven pareja trata de abrirse camino hasta una base militar ante el asedio incontrolado de zombies que han contraído un virus mortífero. Cada día hay menos seres humanos en las esquinas, multiplicándose la odiosa raza venidera ante la que el hombre sólo exclama con horror.
En lo más profundo del corazón de Haití, donde los espíritus o loas entran en una danza diaria a través de los poseídos, el etnobotánico de Harvard Wade Davis fue testigo de la auténtica droga que se esconde en el proceso de zombificación. Ningún hombre blanco obtuvo antes tan asombroso secreto y ese viaje iniciático trastocó su vida para siempre, verificando cómo la oscuridad misma es algo más que una sensación fuerte y tangible. Ésta es su historia.
La vida en la Tierra ha sido devastada por una extraña sonda procedente del planeta Venus, según fuentes de ámbito científico. El cementerio, lugar de reposo y silencio, da testimonio de un cambio brusco cuando los cadáveres se levantan de las tumbas para comer la carne de los vivos. La conciencia es sustituida por un atroz canibalismo y los sentimientos son cercenados, convirtiendo a la raza humana en un eventual tóxico para la naturaleza y su evolución. Batidas enteras tratan de poner fin a la mutación con miedo. Impera el fracaso, surgiendo una especie voraz y abominable.
En una plantación caribeña una enfermera es contratada para cuidar de la esposa del dueño de la misma, afectada de un extraño mal. En un marco poético ritualístico se deja sentir el silencio de la noche, tan solo roto por los tambores que llaman a Papa Legba, protector del mundo espiritual y mediador entre el hombre y los loa o espíritus. Los cánticos preludian un mundo alucinante alejado de la civilización.
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