Una mujer de fe inquebrantable, tenía su esperanza en la conversión de su esposo y, principalmente, de su hijo Agustín. Orando durante años por su conversión, Mónica nos muestra que el mayor bien que una madre puede querer por un hijo es la vida eterna.
Una mujer de fe inquebrantable, tenía su esperanza en la conversión de su esposo y, principalmente, de su hijo Agustín. Orando durante años por su conversión, Mónica nos muestra que el mayor bien que una madre puede querer por un hijo es la vida eterna.