Santa Teresa de los Andes y su carta 109, centrada en su profunda devoción al Sagrado Corazón de Jesús y a la Eucaristía. Invita a ser “apóstoles de la misericordia” y lámparas junto al Sagrario, consolando al Corazón de Jesús con una vida de amor, adoración y reparación, incluso abrazando la cruz con Él. Teresa expresa su deseo de ser “hostia por amor”, vivir crucificada con Cristo y morir de amor para no ofenderle más, buscando una unión total con Jesús donde ya solo “Cristo viva en mí”. Expresa su deseo de ser “compañera de destierro” de Jesús en el Sagrario y “padecer y no morir” por amor a Él. Desarrolla la imagen de la Carmelita como hostia (oculta, obediente, pobre, pura y totalmente entregada al prójimo), aconseja no hablar de sí misma y vivir solo para Dios, sintiéndose muy pobre y necesitada de ayuda espiritual. Además, ofrece consejos sobre la oración (fidelidad aunque no se pueda decir nada, simple mirada amorosa a Jesús, lecturas como la “Subida al Monte Carmelo”) y concluye con el amor al Corazón de Jesús y a la Trinidad como culmen de su espiritualidad.