Al recibir el Cuerpo y la Sangre de Jesucristo en las especies del pan y del vino, recibimos el amor infinito de Dios que nos da la vida, fortalece, reanima y reconcilia. Es el sacramento de nuestro amor de comunión conyugal, que nos ayuda a madurar en el amor asemejándonos a Él. Es el anhelo más grande de amor de plenitud que tiene todo ser humano, le ordena y los hace virtuoso en el amor. La Eucaristía, mana hacia nosotros la gracia y la fuente de la santificación en pareja.