La apertura de la tumba de Tutankamón en 1922 marcó uno de los descubrimientos arqueológicos más impactantes del siglo XX. Bajo la dirección de Howard Carter, el hallazgo reveló un tesoro intacto que incluía sarcófagos, joyas y objetos rituales que ofrecieron una ventana única a las creencias egipcias sobre el más allá.
Paralelamente, excavaciones como las promovidas por el Metropolitan Museum of Art permitieron recuperar maquetas funerarias, estatuas y piezas como el Templo de Dendur, hoy exhibido en Nueva York. Estos descubrimientos no solo ampliaron el conocimiento sobre la vida cotidiana y la espiritualidad del antiguo Egipto, sino que también impulsaron nuevas prácticas de conservación, museografía y creación de réplicas para preservar un legado milenario.