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La visita del director de la CIA a La Habana ha intensificado los rumores sobre acontecimientos inminentes en Cuba. El guion es similar al que precedió a la caída de Maduro en Venezuela: Washington eleva la presión y ofrece una salida a los hombres fuertes del régimen, bajo amenaza de que, si no colaboran, pagarán las consecuencias. La visita del director John Ratcliffe ha sido difundida públicamente, a diferencia de lo que sucedió con la de su predecesor John Brennan durante la Administración Obama.
Aquel acercamiento, auspiciado por la Santa Sede, dio lugar al restablecimiento de relaciones diplomáticas, entre expectativas de que la transición hacia una sociedad y una economía abiertas por fin había llegado a Cuba. La victoria de Donald Trump en 2016 frustró aquellos planes, que nunca sabremos ya si podrían o no haber tenido éxito. Por la vía opuesta, sin embargo, nos encontramos hoy nuevamente ante la expectativa de cambios inminentes.
Cuba afronta su mayor crisis económica desde la caída de la Unión Soviética. Estados Unidos aprieta al máximo y ya no llega petróleo de Venezuela. La frustración ciudadana es evidente, con una contestación pública que hubiera resultado impensable en otro tiempo. Al mismo tiempo, el régimen conserva su poder represivo y tiene, o dice tener, capacidad de resistir frente a un ataque: esta es su baza negociadora, la única que le queda.
Que se avecinan cambios en Cuba es algo prácticamente seguro. En función de cómo sean los próximos movimientos de Washington y La Habana, la historia tomará un giro u otro radicalmente distinto.
By COPELa visita del director de la CIA a La Habana ha intensificado los rumores sobre acontecimientos inminentes en Cuba. El guion es similar al que precedió a la caída de Maduro en Venezuela: Washington eleva la presión y ofrece una salida a los hombres fuertes del régimen, bajo amenaza de que, si no colaboran, pagarán las consecuencias. La visita del director John Ratcliffe ha sido difundida públicamente, a diferencia de lo que sucedió con la de su predecesor John Brennan durante la Administración Obama.
Aquel acercamiento, auspiciado por la Santa Sede, dio lugar al restablecimiento de relaciones diplomáticas, entre expectativas de que la transición hacia una sociedad y una economía abiertas por fin había llegado a Cuba. La victoria de Donald Trump en 2016 frustró aquellos planes, que nunca sabremos ya si podrían o no haber tenido éxito. Por la vía opuesta, sin embargo, nos encontramos hoy nuevamente ante la expectativa de cambios inminentes.
Cuba afronta su mayor crisis económica desde la caída de la Unión Soviética. Estados Unidos aprieta al máximo y ya no llega petróleo de Venezuela. La frustración ciudadana es evidente, con una contestación pública que hubiera resultado impensable en otro tiempo. Al mismo tiempo, el régimen conserva su poder represivo y tiene, o dice tener, capacidad de resistir frente a un ataque: esta es su baza negociadora, la única que le queda.
Que se avecinan cambios en Cuba es algo prácticamente seguro. En función de cómo sean los próximos movimientos de Washington y La Habana, la historia tomará un giro u otro radicalmente distinto.