Hay despedidas que no se anuncian con lágrimas ni discursos grandilocuentes, sino con firmas silenciosas. La del Reino Unido con la Unión Europea fue exactamente así: larga, discutida hasta el agotamiento y, al final, inevitable.
Hay despedidas que no se anuncian con lágrimas ni discursos grandilocuentes, sino con firmas silenciosas. La del Reino Unido con la Unión Europea fue exactamente así: larga, discutida hasta el agotamiento y, al final, inevitable.