La salvación plena proporciona no sólo el perdón divino de los pecados, sino también la restauración de la imagen moral de Dios en el creyente arrepentido, y en última instancia la redención eterna de la humanidad, incluyendo nuestros cuerpos, y nuestro dominio dado por Dios, el Planeta Tierra.
Basado en el poder que los liberó de Egipto, Dios le ordenó a Israel: “Sed, … santos, porque yo soy santo.” (Levítico 11:45). Dios quiere desarrollar un pueblo que refleje Su santa imagen de justicia.