Homilías de cuatro minutos

Segundo Domingo de Cuaresma


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La Transfiguración de Jesús

            El domingo pasado fuimos con Jesús al desierto. Esta semana nos pide que le acompañemos al monte Tabor. Bajamos a través de la penitencia y el arrepentimiento; ahora, purificados y limpios, ascendemos hacia las alturas de la vida espiritual, con las nuevas alas que el sacrificio y la mortificación nos han dado. Aunque el monte sólo se alza 300 metros sobre la planicie, parece más alto de lo que es, porque se encuentra sólo en una llanura. Desde su altura se contempla una magnífica vista y una iglesia hermosa. Aunque solo se tarda una hora en subir andando, el camino no para de ascender. Cuanto más alto subes, más se ve.

            Te sientes más cercano a Dios cuando llegas a la cima. Es parte de nuestra penitencia cuaresmal, el ascender la montaña de nuestros pecados, hacia Dios, dejando las cosas materiales detrás. No puedes llevar mucho peso, si quieres seguir a Jesús y llevar su ritmo. Cuanto más cercano a la cima, más luz encuentras que te rodea. Los santos aman las montañas donde se encuentran con su Creador. Han recibido muchas gracias allá arriba. El aire es más fresco, la luz más pura, la soledad te da la bienvenida, el silencio te envuelve y sientes que Dios te escucha. Por encima de los ruidos y distracciones de la sociedad, allí encuentras una mejor conexión con Dios.

            Jesús tomó consigo a sus tres apóstoles favoritos, Pedro, Juan y Jaime, para que le acompañaran: el primer Papa, el primer apóstol mártir y el último en morir. Se los llevó con él en otras ocasiones, pero especialmente fueron testigos de la transfiguración y de la agonía en el huerto de los olivos. Fueron los dos puntos más altos y bajos de su existencia terrena. Los dos en terrenos hermosos, un monte y un jardín. Fueron los tres únicos apóstoles que presenciaron ambos sucesos impresionantes. ¿No llevaría Jesús con él? ¿Somos parte de sus íntimos amigos? ¿Estamos dispuestos a soportar los puntos altos y bajos de la vida cristiana?

            ¿Por qué Jesús se transfiguró delante de ellos? Para mostrarles su divinidad, justo antes de que les mostrara su horrible pasión y muerte. Hace los mismo con nosotros. Si nos toma consigo hacia las alturas de la vida espiritual, también nos pedirá que le acompañemos a través de su sufrimiento y penitencia. Es la historia de todo santo. Eso es la razón de no haya muchos santos. Nos gustan las experiencias místicas, pero huimos de la cruz. En ambos sucesos, los tres apóstoles favoritos se durmieron, dejando sólo a Jesús. Nosotros también nos dormimos. Pero si sus tres mejores apóstoles no pudieron mantener los ojos abiertos, nosotros no deberíamos sentirnos muy mal cuando hacemos lo mismo.

            Cuando llegaron a la cima, Jesús comenzó a rezar. Esta escena del Evangelio se muestra tradicionalmente como el icono de la contemplación. Antes de descubrir la divinidad del Señor, necesitamos pasar tiempo orando, contemplando su humanidad. Sólo cuando conseguimos concentrarnos, desasidos de toda atadura terrena, sentados encima de nuestras miserias, podemos descubrir la verdadera faz de Cristo. Debió ser una experiencia apasionante, cuando los tres apóstoles se despertaron y se encontraron enfrente del Jesús real, tal como es. Nunca se olvidaron de esa visión. Jesús hace lo mismo con nosotros. Cuando nos pide que compartamos en los sufrimientos de su cruz, también nos envía un poco de miel, una chispa de cielo, una muestra de su hermosa faz.

 

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Homilías de cuatro minutosBy Joseph Pich