Armando recordaba las palabras de su padre sobre buscar oro, pero con el tiempo comprendió que la verdadera riqueza no se encuentra bajo la tierra, sino en la fe y el propósito de Dios. La Biblia también nos habla del oro, especialmente en Génesis 2:11-12, donde se menciona que el oro del Edén es bueno, simbolizando la pureza y la eternidad de Dios. Así como el oro es refinado en fuego, nuestras vidas también pasan por pruebas que Dios usa para purificarnos y moldearnos según Su imagen. En 1 Pedro 4:12-13, se nos recuerda que las pruebas fortalecen nuestra fe, y que cada dificultad es una oportunidad para reflejar la gloria de Dios. Al final, el oro que Él forma en nosotros es eterno, y todas nuestras acciones deben ser para Su honra y gloria.